10 de marzo de 2017

VIVIR SIN ESPERARTE

Estoy aprendiendo a vivir
 sin esperarte
pero aún te espero
cada sol
partiéndome la cara
cada ave
parecida a un dibujo
cada luna
sobre una  escalera
cada idea
desvaneciéndose en silencio
cada fotografía sin definición
cada cerveza
y tu ruido interior…
cada lluvia
con actitud de isla
cada bicicleta
con la rueda desinflada
cada sombra interna
cada locura
con miedo al no retorno
Cada paso
con pausa y mirar hacia atrás
inherentes
Cada mensaje
que me importa un mierda
al final
cada golpe en la puerta
tras la cual no te encuentro
A veces me duele
pero estoy aprendiendo  a vivir
sin esperarte
A veces
esperándote
decido no esperarte
para ver si volvés
si soltás algo
vuelve
como el boomerang
y esperanzada,  creo que te olvido
hasta que reviso el espacio
y asumo
no regresaste mientras no  esperaba
y vuelvo a esperarte
otra vez
Estoy aprendiendo a vivir
sin esperarte
No voy a buscarte
tengo miedo de vos
de mí en nosotros
de lo que no deshicimos
juntos.
Pero mi esperanza
te embellece
cada vez que te espero
y te espero más
que es mejor que buscarte
y descubrir que no vas a volver.
Y tengo miedo de soltarte
de verdad
de que, justo, luego llegues  
con tu miedo
y descubras
que aprendí a vivir
sin esperarte.
Si renunciás
a la satisfacción de un deseo
para dejar de sufrir
y descubrís luego
que el deseo sigue ahí

es un deseo del  corazón.

9 de febrero de 2017

DECIRLO

Autenticidad 
fue decirte que no te amo
y reunir los trozos de mi cuerpo
y arrojarlos hacia otro lado
de nuevo
Fue sentirme enaltecida
en los augurios del suspenso
con el pellejo hecho bandera
y luces emergentes en el vientre
Fue mirarte el alma con los ojos
y libertarla a través de ellos
perpetuando el fuego
devolviendo las preguntas
desenlazando los miedos
reconciliando la búsqueda
con la muerte.

31 de enero de 2017

ÁNIMUS

Tengo la espalda llena de hombres
dormidos
pendientes de un signo
ausentes
embriones del ánimus que esculpo
me asustan y se esfuman
los provoco y regresan
pidiendo libertad onírica
Los veo en cada plano
cada día
pueden verme
esperan el signo que busco.

9 de enero de 2017

Soy oscuridad

  Vivimos con miedo. Es nuestra base. Nuestras vidas se tratan de ser equilibrados para poder sostener un estilo de vida, acorde a las necesidades de quienes nos rodean, que no son más que excusas para no ser quienes anhelamos ser. "Lo que pasa es que tengo un hijo", mi excusa hace trece años para no ser y mantener todo bajo control. "Soy un adulto de tantos años y no tengo casa, o trabajo estable", "No puedo, tengo que alcanzar tal objetivo" ¡Mierda!Esas son nuestras preocupaciones. Qué mediocridad. Nuestros objetivos siempre apuntan a lo que está bajo control. Vamos en sentido opuesto al ser, siempre amoldándonos a lo que los demás quieren ver en nosotros, para no incomodarlos y generar que nos excluyan. Mundanidad. Todos adaptados a la línea del equilibrio para que nuestros hijos continúen repitiendo el mismo modelo de camino por los siglos de los siglos, Ese es el mandato familiar y social del que necesito liberarme: el debido equilibrio (no el equilibrio).
  En este camino de "amor propio" (cada vez necesito menos del famoso concepto de amor propio), evitamos a personas que "nos hacen mal", como si alguien más que nosotros pudiéramos hacernos mal. Si fuéramos quienes queremos ser, estaríamos a salvo de todo. Seríamos inmutables. Sólo somos vulnerables a lo externo porque por dentro estamos incompletos tratando de ser algo que no somos: equilibrio. Creo que personas libres no necesitarían cultivar el amor propio, porque no necesitan cuidarse de los demás.
  Se me estruja el plexo solar, de angustia, cuando me acerco al tipo que me sacude toda el alma porque no puedo predecir uno solo de sus comportamientos y me aterra perder el control de mí misma (entregarme a emociones que no me muestran estable) bajo su influencia, porque pasé mi vida sobreesforzándome para ser alguien que encaje y aunque sigo sin lograrlo, tiendo a creer que esa estupidez me salvará de algo. Y no me salva de nada, sólo me mantiene en pausa. Esa persona que me desestabiliza es mi espejo, la otra cara de mí. Mi locura, todo lo opuesto al control. Cierta vez me dijo: "Tenés miedo a perder los estribos y por eso te vas sola. Sos manipuladora y mentirosa, tenés a la gente engañada". Pasé horas no haciéndome cargo de eso, gracias a mi tan desarrollado ego. Pero algo me hacía seguir escarbando en la idea... Y es cierto, los engaño, quiero controlarlo todo la mayor parte del tiempo porque tengo miedo a manifestar mi luz, la lealtad a mi ser, mi desequilibrio, mi energía libre del control. Y la gente espera eso de mí, equilibrio. Yo debo sobreentenderlo, además. Es un deber moral/social que debo saber de antemano: "LA PROFE DE YOGA NO PUEDE SER, deber ser como todos esperamos, o le quitaremos la credibilidad por convención". 
  Es fácil, acuso al otro de loco (desequilibrado) para que no pueda evidenciar mi cobardía ante mi propia soltura. Acreditar a ese otro en su comportamiento desestructurado es asumir que no sé vivir. Yo hago eso con los demás y los demás hacen eso conmigo. Unos más, otros menos, pero todos nos lo hacemos. No sabemos vivir, y en vez de abrirnos a aprender, nos autoengañamos y engañamos a todos enseñándoles a autoengañarse.
  Yo pensaba que la persona que "me hace mal" representaba mi oscuridad, hoy descubro que es mi luz. Esa persona no tiene algo oscuro que debo trabajar en mí, tiene una luz que debo despertar en mí. Necesito permitirme eso que me muestra el otro para dejar de temerle y reproducirlo inconscientemente (Por esta idea se lo juzga tanto a Jodorowsky. Le amo.) He estado etiquetando de oscuridad a la luz. La oscuridad soy yo, reprimiendo eso que necesita salir a ser. Manipulándolo todo para acallarlo. Vivo en la oscuridad, y lo que me trae luz me aterra. Me asumo más oscura que luminosa.
  Perdamos el control, y seamos la luz que sólo los locos nos muestran. El deber ser equilibrados sirve para justificar nuestra oscuridad, nuestro miedo a ser. Es un lugar mental, igual de válido que todos los demás y sirve en determinados ciclos para muchas cosas (aprovecho también para agradecer su utilidad), pero a partir de hoy quiero ser libre de éste también, como he logrado serlo de otros. Ya no me sirve. Todo placebo me aleja de la verdad.

29 de diciembre de 2016

Exponerse

  Cuando era adolescente, vivía al borde del peligro, constantemente y sin miedo. Pero aunque sufría mucho luego de cada dolor, nunca me acobardaba. Mi hermano, que generalmente andaba cerca y me consolaba cuando lloraba (siempre lloraba), me repetía: "A vos siempre te pasa lo mismo porque te exponés mucho, no tenés que darte a conocer tanto" o "sos muy vertiginosa para mi gusto". Jajaja. 
  Confieso que muchas veces sentí culpa de ser vertiginosa, de cambiar tanto, de ir y venir, de saltar, de llorar, de arriesgarme, de enojarme y putear a toda boca, de subirme al auto de alguien borracho, de manejar el auto del remisero con actitud de conductora experimentada, de tirarle la escalera naranja al piso a los de Edesal al pasar y salir corriendo, de pegarle o apagarle un cigarro en el brazo al que me tocó la cola, de tirarle el trago encima al chico que no me quería aunque yo lo quisiera, de vengarme del que estaba conmigo por lastimarme, de salir a bailar sola, de emborracharme y llorar en alguna escalera, de besar a un desconocido en medio de la pista del boliche aunque me vieran todos, de perderme en la calle, de caerme de la moto en medio del barro, de escaparme de la escuela nocturna para ir a caminar sin rumbo con mi amor hiperhippie, de quemar el cuaderno de amonestaciones en el secundario, de enfrentarme a la directora porque me gritó y ser expulsada, de no volver de algún viaje y dejar a mis viejos con el corazón en la boca, de fumar mucho, de jugar con las expectativas de los "chicos malos", de reírme de los chicos buenos, etc..
  Tanto, que con los años años empecé a suprimirme a mí misma, buscando ser equilibrada, armoniosa, sabia, justa, amable, servicial, diplomática, digna de ser bien recibida. Inevitablemente, mucho de eso ya es parte de mí porque lo actué tanto que aprendí mucha teoría y la integré de a poco, pero sólo a veces. Yo lo sabía, sólo a veces era así. Y otras veces quería romper todo y ser la de antes. Claro, todos estaban felices con la nueva Laura, y yo no. Yo cada vez menos. Hasta que descubrí que necesito volver a ser libre.
  Va de nuevo. ME EXPONGO, ahora a conciencia. Vengo a generar vértigo, incomodidad, irritación, reflejos y les doy tema de charla para criticarse a sí mismos a través de mí. No tengo vergüenza, no tengo miedo que no pueda afrontar, no me importa errar, ni que ustedes, llenos de errores, opinen sobre lo villana o buena que soy según lo que hago o digo a cada momento.
Y los que tienen la idea de que "exponerse es para sufrir" sepan que sí lo es. El que se cuida va a sufrir de todos modos, pero cada vez más. Porque el que el que no se anima a sufrir, no se anima a vivir. Sepan también que el dolor jamás acaba, pero el sufrimiento en cambio sí. El sufrimiento acaba cuando dejás de creer que debés cuidarte de ser, de los demás, y de expresarte. Y aunque el sufrir acaba, la vida sigue doliendo. Duele hasta el final, sin pausa. La vida duele siempre, hasta el tuétano, y podés ser feliz mientras duele, y tener paz mientras duele, y dar amor mientras duele. Y porque duele se ama, porque duele se viaja, porque duele se busca, porque duele se salta al vacío y se busca compañía
  YO NUNCA DEJARÉ DE EXPONERME, porque su juicio me hace crecer, me hace sufrir y luego recordar que no importan sus opiniones, sino mi libertad. Exponerse genera presión externa, a veces me sirvió para lograr objetivos (la presión que supone perder credulidad y coherencia si no cumplís la palabra empeñada) y otras veces me sirvió para demostrarme que puedo ser como se me cante a pesar de la desaprobación (la libertad al descubrir que seguís intacta tras la crítica), según el lugar mental en que me encontrara y la experiencia que necesitara atravesar.
  LA LIBERTAD ES INCÓMODA, inestabiliza, rompe, cuestiona, remueve todos los cimientos. Entro y salga todo el tiempo de ella, sufriendo o celebrando, pero me la cargo encima aunque me duela hasta el alma porque yo soy la que junta los pedacitos cada vez que hace falta. Es mía, la quiero y la tomo.

24 de diciembre de 2016

BESTIAL

La sutileza nunca fue lo tuyo.
Dolores inciertos.
El problema de encariñarse 
con una bestia de mundo.
Se te rompió el termostato decías
y se te rompía el alma
queriendo ser un hombre
Besos de terraza céntrica
sueños mal dormidos
y una bicicleta que no pasea
por los suburbios de mi mente
son todo lo que queda.
Hacé lo que tengas que hacer
y volvé.

15 de noviembre de 2016

ALIVIO

Miro a través de la ventana y no te veo.
Cuánto me alegra
que no me tapes los pàjaros
que me elevan la vista...
Ratos largos...
Tengo una tristeza sabia
que acaricia y no pregunta
lo que no ha llegado
lo que no vino
Tengo un pucho de mentiras
y un alma de verdades, llena
una cerveza artesanal
y un espíritu de puta madre,
libre.

2 de noviembre de 2016

DEVALUADA

Devaluada el alma 
disminuida a paraguas
interpretada como casa materna
y el perdón
trampolín para el provecho
el abrazo
una excusa ante el espejo
para continuar sin seguir.
Me dí mis cuentas.
No es negocio.

27 de julio de 2016

ANCESTROS

Todos-Italia-viaje-tierra-trigo-pan-todos
El tren de palabras resonando
en mi conciencia.

Infinitamente.


Ustedes...
generaciones soñando
la habitación de los sueños...

Yo...
Desafío afortunado...
Mi gratitud.

Todos
viviendo en mí,
celebrando latidos de mí.
Escucho sus gritos y risas.
Estoy viva, regando mi árbol.
Crecen todas las flores
y todas las frutas.
Son para ustedes.
Todas.

25 de abril de 2016

ÁLMICAS

Hora es de salirse
por las líneas de los bordes
y seguirse la silueta 
Universalizarse
desde el centro hacia afuera,
hasta que la orilla se disuelva
y el agua encauce a otra,
Disolvernos todas
centralizando el alma

18 de abril de 2016

LO COTIDIANO

Lo cotidiano quiere matarme
Confundo esta casa con mi útero
y pinto con fuego la entrada
Algo me asfixia y está por parir
Último deseo:
Morir viviendo
 llena de caminos hacia la luz
de  puentes hasta tu mano
y  de mì.

4 de abril de 2016

HAS DE VENIR

Has de venir 
envuelto en tus yoes
buscando los mios
He de recibirte
desnuda
negándome
reconociéndote
sin forma
sin nombre
silenciado
invisible
vacìo

17 de marzo de 2016

Me doy permiso para hacer juicio

"Manteniendo mi posición digo la verdad tal como yo la veo" (No recuerdo la autorìa)

Y no está mal. 
Y no es pecado.
Y no es agresivo.
Y no me convierte en una mala persona.
Y el que la recibe la merece.
Y el que la merece debe hacerse cago de eso.

Que yo diga la verdad que veo no significa que sea LA verdad. Soy consciente de esto cada segundo de mi vida. Pero sí es MI verdad y nací con el derecho a expresarla impreso en cada una de mis células, y también soy consciente de esto cada segundo de mi vida. No me distraigo.

Por supuesto, cuando un otro me exprese su verdad, la recibiré, la aceptaré, la negaré, la sufriré o haré de ella lo más elevado o lo más bajo, según la conciencia que tenga de la emoción activada en ese momento. Pero la mereceré, seguramente. Poque seguramente, la habré generado, y aunque ajena, esa verdad tendrá una porcentaje de verdad mía también.

Gracias a todos los que me dicen las cosas que mi ego no desea escuchar. No dejen de hacerlo, por favor. Yo les prometo no dejar de decirles lo que veo, porque en eso puedo verme también. Si no le pongo palabras a lo que veo, no me defino, y luego no puedo ver todas las definiciones que he depositado sobre mí misma para después quitármelas. Ustedes son mi espejo, y yo soy el de ustedes.

¿Qué ven?

Respondámonos sin miedo. Me tienen realmente podrida esos discursos espirituales de personas que supuestamente no hacen juicio. El juicio es nuestra realidad, es producto de la dualidad en que hemos proyectado la escuela que es la vida, y quien no lo hace, no puede estar vivo. Hasta Jesús hizo juicio antes de morir:

"Oh, señor, perdónalos porque no saben lo que hacen"

¿Quién era Jesús para determinar que otros seres humanos no sabían lo que hacían y que debían ser perdonados? Decir algo así precisa la certeza de una verdad que se ha tomado como verdadera. Eso se llama "juicio". No es posible habitar esta tierra, encarnados, sin hacer juicio. El juicio es un programa sin el que nuestra mente no puede funcionar en este mundo. No se puede usar una máquina de escribir sin cinta y no podemos esperar que una máquina de escribir funcione como una tablet porque no es una tablet. Es sólo una máquina de escribir que puede escribir con cinta entintada, y a lo sumo puede evolucionar a máquina de escribir eléctrica, pero nunca será una tablet. Y aunque la máquina de escribir venga diciendo que es una tablet, sabremos qué es y cuál es su limitación, porque tenemos juicio. Los seres humanos que no hacen juicio, no existen.

EL JUICIO NO ES MALO.
Hagamos juicio sin culpa, porque nadie que no haga juicio podrá llegar a verse claramente. Hagámonos cargo de nuestros juicios, eso sí. Sepamos de dónde vienen y para qué sirven, y trabajemos sobre eso sin pausa y sin prisa. Pero dejemos de creernos maestros ascendidos que no hemos ascendido. Dejemos de suprimir la herramienta más valiosa que nos hemos auto-proveído y dejemos de sentir culpa por decirles a los demás lo que vemos, porque ese otro vino a reflejar eso y también debe aprender a aceptar la responsabilidad de lo que refleja, al igual que nosotros mismos.

4 de diciembre de 2015

La palabra

  Dicen que del dicho al hecho hay un largo trecho. Y en ese trecho se juega la integridad. Antes de decir y hacer nada, hay un valor original en la palabra de cada uno, por no haber en un principio motivos para desacreditarla y porque está virgen la oportunidad de demostrar ese valor una vez que se hable.Todos esperamos que la coherencia se manifieste la primera que escuchamos al otro: creemos. Damos por segura la pronta demostración de lo que se nos ha expresado.

  Entonces, la palabra vale, por naturaleza.
  *Acompañarla con hechos hace que adquiera más valor que el que tenía en un principio. Y cada vez que la acompañamos, su valor se engrandece. Mientras más la acompañamos, más confiables somos para los demás y más íntegros, dignos, merecedores nos sentimos. Esto nos ayuda a construir relaciones fuertes.
  *No hacerlo no mantiene vigente el valor que poseía en un principio, sino que se lo quita. Cada vez que se dice y lo dicho no se "hace" (real), disminuye un poco más nuestra credibilidad, nuestra autoestima y por ende nuestra auto-confianza. Esto nos lleva a debilitar cada vez más las relaciones.
  *No emitirla cuando no se tiene la capacidad o el deseo de acompañarla con hechos, es sumamente coherente, es casi lo mismo que acompañarla con hechos. Mantiene el valor que tiene por naturaleza, ya que no se la desacredita y al mismo tiempo se deja evidencia de la responsabilidad e importancia que se da a la propia palabra, a la propia dignidad.
  Creo que el secreto para construir sanas relaciones está en ser, dentro de lo posible, coherentes. En la auto-observación constante, en el hábito de ser conscientes.Y en que si algunas veces (lógicas) no nos sale bien, sepamos hacer el esfuerzo necesario para recuperar el valor de la palabra que hemos perdido, acompañándola con hechos. El esfuerzo incesante, diario, de ser íntegros, coherentes, dignos de confianza, es proporcional al amor que podemos brindar a otros. Si no hay esfuerzo personal y constante de ser mejor, no se puede amar bien a otros, porque tampoco se cultiva el deseo de ayudarlos a ser mejores cada día. Como es adentro, es afuera. Entonces el mundo será tan bello como capaces seamos de relacionarnos desde el amor, pero el amor nace en uno. El amor al otro es inherente al amor propio.

1 de noviembre de 2015

DUELO DE MÍ EN VOS

(a un año del fallecimiento de mi viejo)
Ya no vengas a mi casa,
llevame a la tuya.
Ya no abras mi puerta para que el sol entre, 
necesito salir a buscarlo.
Vámonos...
Juntemos piedritas lindas en el río,
visitemos a los desafortunados,
lagrimeemos todos los tangos,
hablemos de la fuerza superior que todo lo mueve,
reneguemos del mundo que no sabe contenernos.
Quiero ir adonde estás.
Acá el río corre con miedo sin tus piernas dentro,
y aún así, las mías no alcanzan para enfrentarlo.
El sauce que caía sobre la orilla de tu frente
ya no me queda cerca.
Dame la mano...
Los rincones me empujaron,
y ya no cuelgan hamacas desde el cielo para mis ojos.
Oh, ¿cómo arreglarme con lo que me queda
si nada se parece a lo que te llevaste?
Invitame...
¡¿Adónde vamos?!... ¡¿Cuánto falta?!...
Sí, ya sé... cuando llegue lo sabré.
Tengo que aprender a esperar
que termines de hablar con ese señor, para hacerte preguntas
y la ansiedad está lastimando mi rodilla derecha

15 de octubre de 2015

Calidad de obsoleto

  Viajando, pensé en la diferencia que encuentro entre dirigirme hacia un lugar desconocido (la partida) y dirigirme hacia un lugar conocido (el regreso). Mientras observaba el camino, tomé conciencia de que mi placer de viajar reside en la posibilidad de que los hechos escapen a mi previo conocimiento de ellos. Supe, en ese momento, que las relaciones me parecen disfrutables cuando no sé qué esperar del otro, siempre y cuando lo recibido me sorprende porque antes de eso me habitó la incertidumbre.


  La incertidumbre me permite abrirme ilimitadamente. Me mantiene siempre entusiasmada porque me permite creer que en cualquier momento el resultado puede serlo todo, incluso lo más elevado, lo mejor, lo más completo, lo más deseado. Y obviamente el resultado no siempre es todo, o lo más elevado, o lo más deseado. Pero mientras no hay repetición y existe la posibilidad de que lo mejor sea, disfruto y me dan ganas de apostarlo todo a ello. Mientras hay posibilidad del todo, deseo invertirlo todo. Esto es lo mismo que siento cuando viajo hacia un lugar desconocido, porque todo puede suceder. En el viaje a lo desconocido no hay límites. La posibilidad del todo está latente, viva, caliente.


  Cuando regreso al lugar conocido, a las personas conocidas, a las situaciones conocidas, lo hago sin perder mi optimismo, pero inevitablemente siento que las posibilidades de que ciertas cosas me sorprendan allí ya están limitadas por la experiencia de la repetición. Sin ponerle excesiva atención para no caer en la expectativa que limita más aún, lo dejo en manos de mi apertura al cambio y lo suelto.


  Y la verdad es que, afortunadamente, hay algunas cosas que escapan a mi deseo o a mi gusto y que permanecen exactamente iguales. Al acercarme a ellas, abierta una vez más a la sorpresa, y confirmar que el resultado es el de siempre: casi cansado, ya sabido, sin querer acostumbrado... me queda un sinsabor que me advierte sobre la necesidad de atención a mi espíritu, y me ayuda a discernir sobre lo que estoy acarreando a mi paso. Por suerte estas cosas, sin posibilidad de creación, me dejan la sensación de viejo, de pasado pesado, de obsoleto. Y digo por suerte porque, aunque entristecen a mi ego, son la herramienta indispensable para que yo pueda comprender, aceptar, avanzar y crecer. Seguramente luego me acerco a probar mi optimismo ante la situación algunas veces más, pero lo hago cada vez apostando menos si no percibo indicios de cambio.


  Es cierto, mi esencia se alimenta del cambio, de la transformación. No puedo nutrirme en lo obsoleto, en lo que perdió sabor, color y quedó anticuado frente a aquello que lo supera: el Todo. No disfruto entregarme a lo trunco, a lo limitado. A lo que tiene resultado sabido y se resiste a la posibilidad de innovación. No he aprendido a hacerlo. Quizá deba aprender a hacerlo. Quizá ya es tiempo. O quizá todavía no... 
  Hay cosas, a veces, que en mi mundo quedan obsoletas sólo por no portar permisos para serlo todo.

2 de septiembre de 2015

La importancia de la elección consciente

  Un día del año pasado, fui a comprar mi amado y frecuente alfajor triple a la vuelta de la que era mi casa, y la cuál en ese entonces compartía con mi pareja. La kioskera abrió la puerta y le pedí el alfajor que quería, me respondió que no lo tenía y comenzó a ofrecerme un montón de otros alfajores, que ni siquiera eran triples. Yo estaba ahí, parada escuchándola a ella y viendo a mi pareja esperar que yo elija alguno para irnos pronto. Y me dí cuenta de que mi pareja y lo que la señora me ofrecía representaban lo mismo: lo que no quiero para mí, lo que no he pedido al Universo para mi vida, lo que no disfruto.
  Ciertamente llevaba meses de sufrir por conformarme con la compañía de alguien que no poseía cualidades que pudieran servirme para caminar tranquila y feliz, porque no buscábamos lo mismo. Y ante la incapacidad de aceptar eso, traté primero de adaptarme y luego comencé a querer cambiarlo. Ahí vino el sufrimiento. Pero al ver la secuencia del momento que vivía como una metáfora de la relación, pude decirle a la señora que ninguno de esos alfajores era el que yo quería, que le agradecía la oferta pero que si la aceptaba corría el riesgo de pasar por otro negocio en el que sí hubiera ese alfajor que yo deseaba y no tener ya el dinero para tal compra por haberlo gastado antes en algo que realmente no deseaba.
  Supe entonces que esa debía ser mi postura ante la vida, que esa idea era una de las claves principales de la abundancia y del merecimiento y que si conseguía sostenerla en algo tan simple como la alimentación, que implica el plano físico, podría luego ir trasladándola a los planos mental y emocional y podría así comenzar a discernir con mayor facilidad sobre lo que realmente quería para mí misma, lo que realmente necesitaba y lo que podía dejar afuera porque no aportaba a mi evolución. La Comencé a practicarlo en cada acto diario y fue como pensé... seguí mi camino sola y todo lo que había estado trabado durante tanto tiempo comenzó a llegar. Encontré la plenitud constante y mi autoestima volvió a equilibrarse. Es que el Universo entiende cada acto nuestro como un mensaje de lo que estamos dispuestos a recibir, y yo había estado aceptando mucho menos de lo que había estado pidiendo. Esa incoherencia había truncado la fluidez, y al alinear lo que deseaba con lo que actuaba, la fluidez regresó.
  Hoy sostengo con toda la certeza de mi espíritu que en los detalles se pone en juego la paz personal. Y en cada detalle debe haber consciencia porque lo que de cada detalle se haga se hará la vida de uno mismo. Los detalles de la casa, de las formas, de lo cumplido, de lo sentido, de lo comprado, de lo esperado, de lo rechazado, de lo compartido, de lo arriesgado, está de manifiesto la vida construida. Lo grande, lo que se ve a gran escala, es el resultado de lo consciente que se ha sido hasta el momento.
  No compro cualquier alfajor, cualquier trabajo, cualquier situación. Elijo cada alfajor o caramelo como si de ello dependiera mi vida, porque ciertamente así es.
Gracias a la vida por el libre albedrío.

26 de julio de 2015

GANAS

Tengo ganas de un escandaloso karaoke
de vomitar en notas erradas tanta libertad
de cantar bien alto para el vecino que vive enojado
de reirme de mí en favor de los que sienten pudor
de divertirme conmigo para todos
¿y porqué no? junto a algún hombre libre
que se cante a sí mismo en voces baja y alta
que se nutra del silencio y se vacíe en dos palabras
Que todo sea con un vestido horrible
que evidencie la innecesariedad de la moda,
y una letra que hable del codo de la manzana
que la gente dobla cuando llega a la esquina
para empezar una cuadra nueva
con la misma pregunta gastada en la cabeza: ¿adónde voy?

Aprendiendo a amar más

  Hoy, como pasa a veces, me tocó hacer cola en el sanatorio para sacar un turno a mi madre. En un momento, recordé otra vez: Todo lo que veo fuera de mí son proyecciones de mi inconsciente a ser resueltas. Y empecé a concienciar los detalles: "Toda esta gente con problemas de salud representa la falta de óptima función celular en mí... Ese vendedor ambulante entrando por la puerta representa las oportunidades que se me presentan a veces de elegir conscientemente lo que quiero que se consuma en mi sociedad... Esa persona dando los turnos representa las disposición del Universo para ayudarme a sanar... El médico amoroso representa la devolución del Universo ante mi amor propio en determinadas situaciones... El médico malhumorado representa la devolución del Universo ante mi falta de autovaloración en determinados momentos... El hombre que pasa por la vereda representa a alguna de mis desconocidas células... alguna que sé que existe, pero que no ubico. Los bebés que veo representan las posibilidades de regeneración de mis células. El hombre que fuma afuera representa los inconscientes restos de fumadora en mí, aunque haya dejado de fumar hace años. La gente pagando cuentas representa mis karmas, toda la energía que retiro de la fuente Universal y que de a poco retribuyo, a veces equilibrando, a veces generando deudas. La chica que pasa apurada con su novio siguiéndola unos pasos más atrás representa a mi amor en movimiento, guiando a mis fuerzas de acción. Las calles cortadas a causa de las obras públicas representan la actualización de los canales por donde circulan mis células. El centro representa ese lugar en mi interior donde conseguir los medios para mi realización , donde abunda el intercambio. Pero también donde tengo constantemente la oportunidad de aprender a discernir entre necesario y lo seductor. El kiosquito que siempre me vende el alfajor que me gusta representa el darme el gusto de mantener a mi niña interior feliz con poco, mientras hago los trámites para madurar". 
  Puedo extender este análisis a todo lo que hay en este mundo, a cada cosa. Pero cada una de los cuadros descriptos, representa algo distinto según quien los observe para sí mismo.Y si desde hace tiempo y hasta hoy he creído que debo aprender a salir a la calle y amarme en cada cosa y ser que veo, hoy eso se asentó mucho más. Cualquier detallito que rechace, desprecie, ignore, niegue, juzgue, condene, menosprecie en el mundo, me aleja de mi realización. El amor incondicional es amar el Universo que hay en mí, con todo lo que ello implica. Y todo ese Universo es lo que ven mis ojos, abiertos y cerrados. Estoy aprendiendo a amar más.

Indefinido

  Si escribo “qué lindo beso” todos piensan que alguien determinado me ha besado. Si escribo “te amo” todos piensan que deseo a alguien determinado.
  Si escribo “¿dónde estás?” todos piensan que busco a alguien determinado.


  Maneras de mentalizar la infinita conciencia.

  Qué lindo beso el dado con imaginación.
  Te amo porque amo. Porque ahora sé amar
¿Dónde estás? Si lo supiera pronto, se acabaría pronto este placer de concentrar la energía que me imanta a lo que sos.

  Tu innombre inapellidado te convierte en el que siempre está, lejos y cerca. Posible todo el tiempo, como un ser inconformista que viaja buscando un cuerpo físico de canal, conectable en cualquier momento. Quizá imposible en alguien acabado, pero afortunadamente no tengo certeza de tal imposibilidad. Si los similares se atraen te supongo lejano, cerca de nadie tan cercano como vos y yo. Tan necesariamente lejos como para que nuestras auras continúen rozando sus contornos entre sí.

28 de junio de 2015

Las personas sólo son tóxicas cuando nos ponemos en el papel de víctimas

  Siempre que escucho hablar de personas tóxicas (dando vueltas alrededor de Stamateas, más que nada) me suena raro. He pasado mucho tiempo pensando en eso, tratando de descubrir qué me pasa a mí con eso. Y es que yo también he estado excusándome diciendo que tal persona es demasiado conflictiva, demasiado habladora, demasiado demandante, etc., etc. Y por supuesto, todo eso que me sirve de excusa son reflejos de mí misma. Ya todos hemos leído o escuchado eso a esta altura: "Todo lo que te incomoda o enoja del otro es un reflejo de algo que nos has resuelto en tí mismo". Hay que reunir el valor para asumir que nadie escapa a esa verdad.
  Todos crecemos rodeados de personas que nos dicen que no frecuentemos a ciertas personas, que nos alejemos de otras. Nos enseñan a temerles, a juzgarlas, a ponernos en un falso lugar de superioridad. Las madres somos las primeras. Trasladando miedos propios a nuestros hijos, truncando y limitando los resultados de sus experiencias, determinando a priori sus fracasos. Nada más egoísta, en nombre de un amor que no es más que miedo.
Hasta hace unos días he vivido repitiendo este patrón, esquivando gente con la excusa de cuidar mi energía, de cuidar mi salud emocional, de un montón de estupideces que ya no puedo ni deseo sostener más. No puedo avanzar en mi camino espiritual negándome en ustedes (otros yo). Cada camino es sagrado, incluso cuando no se parece al mío. Y sin reconocer eso, no puedo seguir adelante, mi energía no fluye sin asumirme en ustedes. He sufrido resistiéndome a esto, y no voy a negarlo más.
Personalmente he pasado la vida siendo "apedreada" por manifestarme libremente, y a causa de eso también he acusado a otras personas por hacerlo. Pero elijo mutar de víctima a ser humana íntegra. Hoy siento que, como mi inconsciente atrae a cada persona que hace contacto conmigo, voy a aceptar cada contacto sin miedo. Cada uno tiene en su camino lo que merece, lo que ha atraído, lo que se ha ganado y lo que necesita para crecer. Todo lo que te han hecho y dicho, lo has merecido. Y si ha dolido, no es casualidad. A mirarse. Las opciones son dos: resistirse y escapar, sufriendo por ello en cada pausa, o asumirse y dejar que duela intensamente por última vez. Las demás personas pueden ser y hacer o no lo que se les antoje, y mientras yo esté en mi eje, nada puede afectarme. Si me afecta, lo asumiré sin responsabilizarlas ni juzgarlas. Es muy fácil y muy cómodo acusar a los demás del estado de uno, pero no es sincero. Lo sincero es asumir que una no ha desarrollado la capacidad de asumirse en el otro.
  La resistencia es el camino más largo a todos lados. Hace días le pregunté a un amigo algo que me pregunté toda la vida: "¿Qué sucedería si nadie temiera ni se resistiera a ser violada/o, sexualmente hablando?." Siempre me pregunté qué pasaría si alguien intentara violarme y yo (consciente de que mi cuerpo es algo que no voy a llevarme del mundo porque es sólo un envase) pudiera decirle sonriendo: "Dale, buenísimo"... Sé que siempre hago preguntas jodidas, pero me sirven mucho. Respóndansela hasta el final. Dejen que la cadena de respuestas los lleve hasta donde ya no pueda decirse más. Enrósquence hasta parar. La respuesta es que con el tiempo se acabarían las violaciones, porque no habría resistencia y no habría lugar mental que alimente la enfermedad que hace a un violador querer poseer lo que se le es negado. Simple psicología inversa si se quiere.
  La resistencia nos enferma porque nuestra esencia nos pide constantemente trascender los límites que se nos presentan. Venimos a eso al mundo, a buscar y buscarnos detrás de todo eso que nos limita. En la resistencia se sostiene el machismo. Cuando un hombre me dice algo en la calle mientras voy pasando, lo miro con cara de nada, como si sólo pasara y nada hubiese escuchado. Sin miedo, sin rechazo, sin vanidad, sin nada. Igual que miro a la abuela sentada en la reposera o a su perro. Y cuando el tipo se da cuenta de que no alimento su necesidad de sentirse superior, de que no pudo marcar nada en mí, se decepciona. Mientras más nos resistamos a los piropos, más piropos habrá. No podemos obligar a los otros a respetarnos, el respeto es algo que brota de la piel. Si una se asume víctima, siempre lo será. Esa fue mi solución ante los benditos albañiles. Jaja. Gracias a ellos por tantos años de decirme cosas que me enfurecían.
  A propósito de esto, hace un tiempo fui a un recital y alguien me tocó la cola. Durante el primer segundo pensé en darme vuelta, detectarlo y dejarle la mano marcada en la cara.(antes hacía eso y lloraba, me sentía ultrajada). Pero en el segundo número dos, pensé: "Es una parte de mi cuerpo, igual que el brazo, que la cara, que la pierna o o planta del pie. No tiene sentido enojarme.". El hombre que hace eso, busca lo mismo que el hombre que piropea: poder sobre la mujer. Y mi respuesta es la misma: "A otro perro con ese hueso. No tenés poder sobre mí". Desde este lugar mental pude dejar de sufrir por los dos intentos de abuso experimentados durante mi infancia. Tenía pánico de encontrarme bajo el mismo techo que quien fue mi tan rechazado maestro en esa experiencia. Mi miedo lo atraía constantemente. Un brillante día, lo miré directo a los ojos y pude verlo como a un ser humano atrapado en las necesidades de su cuerpo físico, más alejado de la libertad que yo, y lo perdoné. Le perdí el miedo. Tras el contacto visual, se extrañó, me miró asombrado unos segundos y luego agachó la cabeza retirándose del lugar. Desde entonces dejé de verlo. Ya no hay resistencia, no hay miedo, no hay atracción. Ya no temo a las violaciones, a los abusos. Nadie en la calle puede tener poder sobre mí porque no atraigo eso. Ya no, soy energéticamente hablando, un blanco atractivo. El inconsciente de un abusador percibe la energía, el nivel de miedo en alguien, huele su fuente de alimento.
  Con todos los tipos de personas que creemos tóxicas, pasa lo mismo. Alejarse físicamente de alguien no resuelve nada, hay algo que resolver adentro de uno mismo. Sin hacernos cargo no evitamos el reflejo, otras personas vendrán una y otra vez a hacernos sentir exactamente lo mismo que rechazamos, hasta que logremos hacerlo consciente. Sólo entonces se disolverá el problema. Las personas pueden ser contempladas o descartadas a nuestro antojo, pero el problema que nos presentan se repetirá las veces que sea necesario a través de distintos cuerpos.
  Obviamente comprendo que antes uno debe desarrollar la capacidad de responsabilizarme totalmente de sí mismo, cosa que no es fácil y que lleva un tiempo. Pero lo importante mientras se trabaja en eso es poder ser sincero y decir: "No me acerco a tal persona porque aún no puedo manejar las sombras que su luz evidencia en mí. Aún no encuentro las herramientas para trabajar frente a ese ser/espejo". Esta es la verdadera razón por la que cortamos relaciones, porque no sabemos manejarlas, porque nos quedan grandes. Pero una vez que estamos listos para integrarlo todo, fundirnos en eso del otro que tanto nos aterra, entregarnos al evento, es el secreto de la libertad.
  Muchísimas gracias a la vida, a mi homeópata y a las flores de Bach que me pasean con un enorme farol, hace dos semanas, por el mismísimo infierno de mi conciencia. Jajajaja.