La hermandad



  Supe que llegaba a la casa de nuestra fallecida madre, buscándome, cuando oí sus pasos y esa áspera voz que apenas conseguìa reconocer:
  -“¿Dónde está mi hermana?”-
  El vecino de al lado gritó algo, confirmándole que estaba adentro. Todo estaba en su lugar, el de siempre. Todo era como siempre, familiar. El canario cantó su canción vespertina.  Se repitió durante unos segundos el sonido del pasador golpeándose contra los límites del hueco en forma de círculo por el que penetra la pared, luego de que el perro subiera bruscamente sus patas delanteras a la puerta de reja lateral. Aquel ritual inmodificable con que la casa materna siempre recibía a quien se acercara buscando el efecto placebo del ala de mamá.
  Cuando entró a la cocina, se sentó en la silla que mejor luz de la ventana recibía, cruzó su pierna derecha sobre la izquierda, apoyó sus codos sobre la mesa y entrelazó los dedos de sus manos para apoyar sobre éstas su afeitado mentón. Como siempre. No repitió la pregunta, confiaba en que la puerta del baño, siempre ruidosa, le daría aviso cuando la persona buscada saliera a su encuentro.
  Los minutos se sucedían y yo escuchaba su recurrente carraspeo, aquel que también caracterizaba a nuestro padre, cuyos bronquios habían sido expuestos durante largos inviernos  a repentinos  cambios de temperatura mientras horneaba el pan que luego vendía. No sé si estos ruidos de su garganta eran naturales, si tenían el mismo origen que nuestro progenitor, o si los hacía para hacer notar su presencia a quien suponía dentro del baño. Comprendí que su confiada espera se basaba menos en la confirmación del vecino que en los detalles habituales e intactos del contexto. Todo parecía en su lugar, el de siempre. Esa zona de confort donde sus llamados y demandas  siempre alcanzaban el éxito. 
  Para romper la inercia, me levanté de la cama en la  que estaba sentada, aquella en la que durante años me desveló tanta adolescencia, y caminé hacia la puerta trasera buscando salida. Ninguno de los dos teníamos llave de la puerta principal. Cuando, inevitablemente, pasé por su lado, me habló. Me hizo una pregunta, estoy segura. Su mirada, su gesticulación, su postura, eran tan inexpresivas como siempre que me preguntaba algo. Pero esta vez captè el mensaje en su voz, fue ininteligible a mis sentidos. Respondí:
  -“¿Qué pregunta es ésa?..”-
  Hasta entonces, yo había estado dentro de la casa, escuchándolo. Pero él no encontraría a su hermana. Se fue anoche, luego de podar a escondidas el viejo árbol del patio, llevándose, bien apretada por su mano izquierda, una semilla prometedora. Yo era la única que lo sabía. La vi saliendo y la dejé ir, en silencio. Tenía frío y fe. La luna estaba nueva y las brujas la esperaban junto al fuego. Ahora me voy con ella, adonde las hermanas somos verdad.



La verdad de una bruja

"He vendido mi diablo al alma"
Alejandro Jodorowsky
  Nunca voy a estar a favor del aborto, ni de la drogadicción, ni de la prostitución, porque mis principios no son compatibles con ninguna de estas cosas. Ojalá no existieran… Pero existen, ya las creamos. Y como siempre intento estar consciente de no ser verdugo de los seres humanos (mis hermanos), ni desconsiderar sus condiciones, contextos e historias, prefiero que estas cuestiones sean legales. Para que las personas más vulneradas puedan salir del pozo al que el sistema corrupto, que entre todos sostenemos, las ha empujado.

  Todos hemos permitido que la realidad colectiva llegue hasta donde ha llegado, aún eligiendo el camino fácil de decir que mientras trabajamos otros andan de vagos descuidando sus vidas. Es que hemos estado descuidando nuestra sociedad cuando hemos pensado solamente en nuestra realidad individual. Nos ha sido fácil irnos a trabajar y tener esa excusa para no reclamar un derecho que se le ha quitado a otro, desentendiéndonos de toda responsabilidad social.

"Quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra".


  No es una virtud no haber estado presente en los reclamos colectivos. Cuando la hora del juicio divino nos alcance (la verdadera conciencia, no un Dios burgués inventado para justificar pretensiones de gente egoísta), no habrá actividad mundana que nos pague la fianza. No será una virtud no haber estado junto a nuestros hermanos cuando éstos nos necesitaron.


  En la Formación Ética siempre nos han enseñado que “donde finaliza el derecho del otro, comienza el mío”. Esto significa que si el derecho del otro no es reconocido, el mío dejará de valer progresivamente también. Si seguimos ignorándolo, llegará el momento en que deberemos dejar nuestros comodísimos o necesarios trabajos y ponernos a reclamar por los derechos de todos, ya que defendernos se convertirá entonces en algo muchísimo más urgente que la misma comida. Ese momento se aproxima. Se nos acaba la inconsciencia a todos, y quienes se dieron cuenta antes ya han estado avisándonos esto pero no quisimos asumirlo. Y claro, sabemos que a veces somos personas que tenemos trabajos en los que nuestros jefes no comprenden nada de ética. Entonces deberemos replantearnos si este trabajo con estos jefes que tenemos está impulsando el avance de la conciencia colectiva o está sólo defendiendo un capital que se sostiene en el hundimiento de la humanidad ¿En qué trabajo estás invirtiendo tu energía? ¿Con qué estás colaborando? Quizá nunca te lo hayas preguntado. Sé consciente de quién elegís ser.


  Personalmente, siento que la legalización del aborto, como de la marihuana y del trabajo sexual, además de visualizar y desarmar todo el gran mercado negro que crece a lo largo y ancho del mundo engordando los bolsillos de las grandes corporaciones que dominan el sistema y nuestras mentes dormidas, es la legalización de la sombra humana. Esa que Jung estudiaba, amaba y utilizaba a favor de la sanación del ser. Es la asunción del mal como factor humano inherente e indispensable para la trascendencia. Es la aceptación del demonio interno, como parte nuestra y como compañero de nuestro dios, en este envase que se dice “yo”. Es la trascendencia de la dualidad, la aceptación social de aquello que escondemos por miedo a no ser comprendidos y que nos mata por querer matarlo en nosotros. Es la renuncia a la falsa moral de la iglesia cristiana, la invitación al diablo a sentarse a nuestra mesa y elaborar juntos un nuevo reglamento de convivencia. Que salga a la luz, que se libere el diablo del Vaticano, ese conjunto de prácticas corruptas que han encerrado en su histórico discurso dominante. 

  Yo he visto al Cristo, su hermano. Ha besado mi frente quitando mis velos. Y he visto al Diablo, se siente igual que Frankenstein. La iglesia y su sistema patriarcal lo utilizan para manipularnos. Las brujas siempre lo supimos y lo invitábamos a danzar con nosotras en los bosques, por eso nos mataban.



Miércoles 08/08/18: Que sea ley


La lente

  No hay confusión en la lente del espíritu ni mentira en el corazón. Cuando los velos caen, las células despiertan y la verdad habla: Mi odio a la mentira ha sido siempre el pánico a vivir sin poder verme, presa de mi propio engaño. Nada es lo que parece, pero mientras no me engañe a mí mismx estaré a salvo de toda ilusión.


"Ni la libertad es estar sólx ni el amor es una jaula"

  La persona correcta será siempre aquella ante la cual me sea posible, naturalmente, ser yo mismx. Nadie tiene la misión de hacerme feliz, yo debo ocuparme de mi felicidad. Si me he ocupado de ésta, estoy listx para construir una relación que no se base en carencia y demanda. Si mi vida está encaminada como deseo y consigo sentirme completx y agradecidx con y por lo que tengo (indispensable la salud emocional), quien entra y sale de mi camino no deja vacío alguno. Puedo disfrutar el presente de cada relación sin destruirlo inconscientemente, porque no hay miedo a que se termine en un futuro.

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CESE


Salgan, corran, vuelen
¡Déjenlo todo!
Piérdanlo todo
¡Hártense!
Desaten todo nudo
Suelten todo amarre
Rómpanlo, córtenlo, quémenlo
y entréguense
La libertad es responsable



Llave

Todo aquello que la mente empuja hacia atrás en este sagrado mundo de tiempos y espacios es la llave del alma que se busca en donde no desea estar.


La magia

  Hoy salí a tomar mates al aire libre, quizá a procesar una noche altamente reveladora, de meditación y muchas horas de escritura sobre magia, y una hermosa lechuza blanca me visitó. Eran las dos de la tarde y, bajo el sol, ella se paró en el centro del patio de casa a mirarme. Se quedó allí unos diez minutos. Ambas parecíamos pegadas al suelo, y curiosas de observarnos. Qué emoción. No podía quitar mis ojos de ella, ni dejar de sonreír. Luego, desplegó sus alas y voló apenas unos centímetros, tres veces. Subió a la pared lateral, me miró por última vez y se fue. 


  Me sentí visitada por mí misma, concibiendo la despedida de un ciclo que comenzó hace unos meses (tal como lo anuncia la Luna) y recordando aquel texto que escribí, "Los ojos de la lechuza". Tras la necesidad de contarlo, comencé a escribir este texto, pensando:"Qué pena no haber podido fotografiarla... Debería permanecer aún más atenta a la cámara para no perder este tipo de oportunidades mágicas...", en eso ¡levanté la vista y la vi, elegantemente erguida, en el mismo lugar que antes!



  Bajé otra vez la vista un segundo, abriendo la cámara del teléfono celular, y al levantarla había desaparecido... Ya no estaba, ni siquiera sé si la segunda vez estuvo para el mundo entero o sólo para mí. No vi su vuelo, su dirección. Nada, sólo su presencia.


  Ay, Laura... Tu propia magia no puede ser atrapada. Está guardada en tu corazón.


Sobre tomar frío

  Siempre me ha gustado el clima frío, principalmente el otoño. El aire refrescando mi frente me causa un placer que sólo en mi cuerpo tiene explicación, por eso prefiero caminar o andar en bicicleta, antes que andar en las cajas con ruedas que son los autos. 

  En la actualidad, el frío me gusta, también, porque me recuerda a mis padres. Es que se activa en mi mente el famoso “abrigate, no tomes frío”, un clásico que incluso yo repito a mi hijo antes de que cruce la puerta hacia afuera. El frío me hace pensar en ellos, los viejos, en la que fue nuestra casa y en la estufa hogar enorme frente a la que me sentaba durante horas a observar el fuego. 


  Esta tarde, mientras caminaba a casa recordando aquel fuego, mi hijo envió un mensaje a mi teléfono celular contándome dónde estaba y en ese momento me di cuenta de que “ya no soy hija”. Mejor dicho, le puse palabras a mi situación de hace pocos años. No soy hija, no dependo de nadie, a nadie aviso dónde estoy, soy la responsable de mi abrigo. No lo sufro. No extraño a mis padres. No me siento mal, ni deseo que no sea así. Sólo… es raro, y me gusta lo raro.



  Si sufriera por lo que no es, pasaría por alto la peculiaridad de los relieves bajo las suelas de mis zapatillas. Y el barro que de ellas sacudo, que es muy hermoso, que brilla bajo la luz de un foco como si actuara para el cielo mientras la gente pasa continuamente sobre él sin apreciar la magia. Sufrir por lo que no es, sólo hace que perdamos de vista la rareza de lo que está siendo. 



  Ojalá mi hijo siempre recuerde que mi partida será señal de que está listo para verlo todo. Ojalá me suelte, ojalá no me extrañe. Ojalá sea libre. Ojalá él sea su propio abrigo cuando el frío llegue, y pueda disfrutarlo tanto como yo.



La lujuria

  La lujuria tiene lugar allí donde la mente hace, del presente, ruido. Cabe donde los pensamientos involuntarios anidan, y los fermenta. No es una virtud, tampoco es un pecado. Es un estado de la conciencia huyendo de lo que es.


SISTEMATIZACIÓN TRANSITIVA

¿Cómo llega una palabra 
a significar todas las demás?
Todo está dicho
Me cuesta escribir
lo absoluto
No puedo contar lo que veo
Estoy llena de fractales
hasta el vacío
El mundo me gusta
aun cuando no se gusta a sí mismo
pero no habla mi idioma
de cosmos en la célula
de esencia en la roca
Hay una niña de diez años
usando código Ascii en mi cabeza
pidiéndome que recuerde ese juego
y no consigo decodificarlo
La gematría presente, me confunde
una letra se disminuye
al menor decimal de su entero
y lo que apenas nombro 
no llega a crear lo que estoy diciendo
Puede ser desgastante 
la extinción de los sustantivos
sobrevalorados
y tantos adjetivos 
sinonimando a la mentira
Si en la comunicación 
el emisor es el único mensaje
y su mensaje sólo comunica esto
a nadie le importa saberlo
No importa el lenguaje
ni la palabra escogida
todas llevan al mismo lugar
Incluso si se ausentan


23/04/18
04:33 a.m.


Sueño lúcido. Viernes Santo.

  Estoy viendo suceder eventos que me resultan familiares y extraños, con el correr de los minutos me doy cuenta de que lo que estoy viendo es una parte muy importante de mi pasado. Exactamente tal y como ha sido, pero representada de forma simbólica. Caigo en la cuenta… ¡Esto es un sueño lúcido! Estoy re-pasando mi pasado… ¡Y el pasado puede modificarse desde el presente, o sea que ésta es una oportunidad para limpiar mi mente subconsciente!
  Mientras medito lo anterior, tomo el siguiente recaudo: La parte de mi pasado que estoy transitando es la de una relación cuya otra parte (o persona) es la síntesis del lado tóxico del ánimus que mi memoria transgeneracional ha condensado en mi psique. Por lo que limpiar esa experiencia en el subconsciente extendería el efecto hasta al inconsciente. Se trata de una persona a la que no volveré a nombrar porque ya no haré vibrar el sonido de su nombre en mi experiencia, sólo lo llamaré “el sujeto”.
  En mi experiencia con el sujeto en el plano físico, compartí sin saber y sin querer, tiempo y espacio con una amiga a la que de este mismo modo llamaré: Amiga. En el entusiasmo por reconocer cada símbolo de esta realidad tan sutil, no la recuerdo a ella hasta que la veo apoyando su espalda contra una pared, mientras conversa con personas que no conozco. Tras recordar su importante presencia en este tramo de mi pasado, entiendo que está en mi sueño por una importante razón también y elijo incluir en mi plan de limpieza mental su desagradable experiencia con el sujeto, sin siquiera saber cómo hacerlo. No estoy segura de que ayudarla a ella en mi propio sueño implique ayudarla a ella a transformar algo realmente en su propia psique, pero sé que todxs estamos conectadxs de alguna manera... Así que decido confiar en mi intención.
  Nos cruzamos en el momento en que ella ya ha conocido al sujeto y yo estoy a punto de llegar al momento en que lo conozco. Soy consciente de que he intentado activar algo en personas dentro de mis sueños lúcidos antes y a veces no ha funcionado (de hecho, una sola vez sí funcionó). El sueño se disuelve si invierto demasiada energía insistiendo en algo que no debe ser. Pero sabiendo que a veces funciona, que la proyección de esa persona es complemento de mi trabajo interior y a la vez del mundo entero, no puedo renunciar al deseo esperanzado de insistir al menos dos o tres veces. Por otro lado, tengo el conocimiento de que en este momento del pasado, mi amiga aún no está involucrada emocionalmente con el sujeto, así que arriesgo la delicada inmunidad contextual que me da la ventaja de no haberlo conocido aún, diciéndome que si el primer intento de alertar a mi amiga no resulta efectivo, la dejaré seguir en modo pasivo y terminaré mi plan individual(relativamente individual).
  Me acerco a ella y le digo: -“Amiga, el sujeto que acabás de conocer, es peligroso, para las dos. No es lo que querés creer que ves, es un psicópata. Soy Laura, ésto es un sueño lúcido que repite el pasado, todo va a volver a suceder tal como ya sucedió, pero si queremos podemos modificarlo. Despertáte y escuchame bien. Simulá que seguimos dormidas, yo te voy a venir a buscar. Cuando yo vuelva a cruzarte, que ya sabés cuándo sucede, te voy a decir: “VAMOS” y vos tenés que seguirme porque si no no voy a poder salvarte. Nos escapamos y modificamos todo lo que sigue. Es importante que no lo olvides, esperame”.
  Ahora me encuentro en el momento justo para cambiar la escena en que yo conozco al sujeto. Tengo claro que mi única meta es evitar ese evento. Estamos ambos en el mismo evento social, y como en el pasado yo estaría sentada casualmente junto a él y entablaríamos una charla inmediatamente, en esta ocasión elijo levantarme y sentarme lejos de él, naturalmente. Una vez que hago esto, siento un profundo alivio, y orgullo. “No sucedió, no fue, ha sido removido de mi inconsciente, no hay registro. Sanación del pasado lograda”, me digo a mí misma. “Sólo me queda pendiente buscar a mi amiga”, pienso mientras se me acerca un hombre de cabello largo, morocho (que en la realidad física no he visto jamás pero que en el sueño es habitué del ámbito tanguero que suelo frecuentar) y me invita a salir. El tipo no me gusta y no tengo ganas de charlar con ninguno, asi que le respondo que no. Analizo ésto y finalmente me resulta lógico: cambié un eslabón de la historia y se generó uno nuevo en reemplazo del anterior.
  Miro hacia donde estaba sentada antes y lo veo al sujeto observándome con cara de frustración, esa que ponen los niños muy caprichosos cuando no obtienen lo que quieren. Lo veo levantarse de manera brusca y caminar hacia donde me encuentro ¡Sorpresa y sobresalto! Tomo conciencia de que acabo de activar el efecto dominó. Modificar un mínimo detalle puede significar cambiarlo todo, de modo que a partir de ahora todo será impredecible. Obviamente hay otros caminos que pueden llevarme a conocerlo y también debo evitarlos (Física Cuántica) ¡No estoy dispuesta a renunciar a mi decisión, no voy a conocerlo! Empecinada me levanto, antes de que logre acercarse lo suficiente para poder alcanzarme si corro, aprovecho la oportunidad de camuflarme entre la muchedumbre y me voy fugazmente de allí.
  *Experimento ahora una especie de apéndice del sueño en el que se me abre un portal hacia el inconsciente del sujeto en cuestión. Me muevo de escena a escena sin caminar, como levitando, a una velocidad que no está bajo mi control pero al menos es soportable. Asciendo a un primer piso siguiendo la dirección de una escalera espiralada y lo veo a él, junto a su madre y otros tres hombres en una orgía sexual. En el evento, él es quien lidera, soberbio y vanidoso. Su madre cumple un rol como de muñeca complaciente y repite una y otra vez que “son pocos y el plan era que fueran más”. Puedo percibir lo verdadero detrás de su manifestación: ha olvidado por completo su valor, ha dejado de ser para sí misma. Él le responde técnicamente, como acostumbra, como si hablaran de arreglar un auto o algo parecido, que eso es lo que hay y siguen hablando, pero ese diálogo no me importa. Analizo la situación y comprendo que esa es la fantasía original en su cabeza, la que causa que trate así a las mujeres y al mundo. Un edipo misógino y altamente exacerbado lo lleva a querer forzarnos a cumplir ese rol en el que no puede realmente colocar a su propia madre, la más deseada y la más odiada. Entonces, noto que él comienza a mirar hacia los costados, como si pudiese oler o intuir que hay algo externo interviniendo en su escena más secreta. Logro retirarme voluntariamente para evitar ser descubierta y poder seguir con mi plan.*
  Regreso al curso de los hechos de mi pasado dispuesta a buscar a mi amiga. Ahora la lógica está alterada y debo insistir en mantenerla a ella (mi amiga) consciente para que no vuelva a modo pasivo. Si lo hace, como no debo arriesgarme a insistir, tendré que dejarla recaer en el mismo lugar mental. Afortunadamente, la encuentro sentada en un banco de plaza, que está dentro de un predio del tipo escuela primaria. Observo el contexto. Es una tarde cálida, hay mucho resplandor y mi amiga está sola, de espaldas a la vereda. Y en la vereda, del otro lado de la reja y medianamente alejado, está el sujeto charlando con otros hombres. Evidentemente, él sabe que ella está allí y es la razón que allí lo convoca, pero aún no se ha percatado de mi presencia. Lo sé porque es evidentemente alto el nivel de entusiasmo que muestra en su charla. Conociendo su modo de operar, cuando sabe que hay alguien junto a su presa (en este caso mi amiga) está constantemente alerta, y hasta el momento, está más descuidado y tranquilo de lo habitual.
  Aprovecho el contexto, me siento junto a ella y digo: -“Amiga, volví. Me siento acá. Te dije que volvería por vos ¿Te acordás? Acordáte, por favor. No te duermas. Soy Laura, hablamos antes”. Mi amiga me mira, callada y confundida. Yo miro hacia atrás, veo al sujeto vigilándola y también notando que estoy junto a ella. Regreso inmediatamente mi vista a la charla y prosigo: -“El sujeto ya ha comenzado a controlarte. No dejes de mirarme, por favor. No gires a mirar, está detrás de vos, a tu izquierda en la vereda y está mirando hacia acá. A mí finalmente no me conoció y eso me da ventaja por ahora, lo esquivé en la serie de eventos antes vividos, modifiqué la historia. Lo que no esperaba era que tras modificar algo yo, él también lo hiciera. ¡Debí considerarlo, es lógico! Se salió también del guión y no sé cómo pueda seguir todo de ahora en más. Hay que adoptar un nuevo plan, urgentemente. Vamos. Levantémonos despacio, caminemos y cuando nos pierda de vista, desaparezcamos de acá”.Mi amiga me sigue en silencio.
  El sujeto nota que nos movemos y comienza a seguirnos también, nos desesperamos y comenzamos a aumentar la velocidad de la caminada. Hay mucha gente joven circulando a nuestro alrededor. El sujeto alcanza a mi amiga y en ese transcurso noto que ella duerme otra vez. La veo sonriendo y aceptando salir con él del lugar. Me angustio al ver esa escena otra vez y les grito a los jóvenes presentes a nuestro alrededor: -“¡Ayúdenme a salvarla de ese sujeto, que no se la lleve! ¡Aléjenla de él, por favor!”, señalándolos mientras se alejan juntos.
  Los chicxs que me escuchan comprenden mi mensaje e intentan alcanzarla, pero no lo logran. Se va con él. Me resigno a aceptar que más no pude hacer y me quedo allí, con esa misma gente. Sigo el curso de las cosas pero sin poder disfrutar mucho el hecho de haber quitado esa relación de mi historia porque no pude extenderlo a mi amiga. Me quedo con cierta tristeza, re-cordando (pasando por mi corazón) el concepto Ubuntu.
  Pasan horas. Mi amiga reaparece, contenta, y nos cuenta que viene de estar con el sujeto. Yo me alegro de verla y le pregunto, preocupada, qué pasó. Responde, graciosa: -“Nada, dormí con él… y se la chupé”. Se ríe, como ríe cuando hace esa clase de comentarios, pero sola. Todos la miramos seriamente y yo insisto: -“Amiga, amiga… Escuchame, es genial coger y ese sujeto es muy lindo, te entiendo. Pero está mal, de verdad. Sé bien con quien tratás, confiá en mí. Hagamos esto… Es tan cierto que el sujeto es un psicópata que, aunque acabás de despegarte de él, seguramente en cinco minutos aparece por ahí, persiguiéndote ¡Siempre hace eso, te lo juro! Ahora… Si me equivoco y no aparece por acá, segui viéndolo ¿Sí?”
  En eso, miramos todos hacia la vereda y pasa el sujeto con sus clásicas gafas para el sol. Mira hacia donde estamos, buscando a mi amiga. Pero no nos ve, como si la capa mágica que invisibiliza a Harry Potter nos protegiera de sus sentidos mientras permanecemos unidos. Camina sigilosamente, cruza la vereda con su termo y su mate en las manos, y se sienta a unos metros del lugar, con esa impunidad que goza un psicópata integrado cuando nadie a su alrededor ha descubierto sus hábitos. Mi amiga abre los ojos bien grandes, me mira sin pestañear, cayendo en la cuenta de lo que yo venía diciéndole y asiente con la cabeza. Todos hacemos un gesto de alivio y sin decir una palabra, nos vamos con ella para no volver.
  Desperté.
  30/03/18
  04:33 a.m.



LA NOCHE SANTA


¿Que cómo es posible tanta belleza nocturna?..
Cuanto duele la ausencia de luz en un corazón noble
es cuanto la noche lo indemniza,
cuando lo negro se enamora de lo blanco
cuando ya no teme
cuando cesa de esconderse
cuando la sombra es propia 
y el paraíso es descubierto por alguien
Puedo verlo cuando amo



Autodeconstrucción

  Bailando la danza de la destrucción y la re-creacion con el Universo me animo a desaparecer. Nada temo porque nada tengo que perder. Soy el poder que tanto tiempo me ha asustado, y me manifiesto en favor de todo lo que alguna vez creí pérdida, porque sólo así consigo ser. No hay compasión en mí ante el temor, soy tormenta que despoja la excusa avalada por el velo de lo viejo. Es tiempo de morir al miedo, y de partir hacia la luz. Abro mi pecho al fin, y recibo y desintegro en mi interior toda arma que yo misma haya usado contra mí.


Intracomunicación

Intracomunicación


ISSA

De niña te presentía
oculto entre mis cosas 
mientras mi madre te buscaba
entre las suyas
Después tuve mundo,
y un velo de carne fue cárcel
de mi ojo de oro
Los caminos cortos se hicieron largos
y olvidé tus pasos
Entonces me detuve 
y besaste mi frente bendita
Llegaste



El mayor potencial espiritual se halla en la materia

El mayor potencial espiritual se halla en la materia


MÁS ALLÁ


El viento silba y juega
con los vidrios de la ventana
Llora una puerta en la casa vecina
antes de golpear el marco
Aberturas cerradas
humana contradicción
La gente se ha dormido
para soñar que vive
Yo quiero irme por la ventana
porque no puedo dormir
sabiendo que hay más
Devuélvanme las alas
por favor



LIBERTADA

Salir del trabajo
llena de harina
sacudirme la ropa
quitarme la cofia
el delantal blanco negro
y sentarme así, 
casi blanca, en mi centro 
con mis llaves
en un bar de alguna calle
a tomar cerveza
y pensar las veces 
que te perdí, libertad
Volver a estudiar 
a mis tres más treinta
alcanzar la consistencia 
serme tu voz, libertad
Fotografiarme
sacarme luces
ponerme sombras
captar quién soy
Salvar mi cama
sintiendo mucho
y sacando todo
lo que te aleja, libertad,
para encarnarte.

No cedas.


Holotrópica desnudez

  Una noche soñé que el lobo al que temía (mi masculino salvaje) ingresaba en mi interior, supe entonces que un ciclo avanzado de completud había comenzado. Desde aquel evento onírico miles de situaciones relacionadas con lo masculino han estado atravesándome los distintos cuerpos, hasta llegar al físico, ayer. 

  Ayer me enfrenté a un hombre que me amenazó con “cargarme a trompadas” por defender a mis amigas de su acoso. Y lo enfrenté sin miedo, sin límites, sin pausa, sin medidas, sin control, apurando, incitando, presionando, agitando, provocando, insistiendo, exaltando, aturdiendo, anulando. Sabía perfectamente lo que hacía, soltarle las riendas a mi agresividad, entregarme enteramente a ésta. Olvidé por completo mi autoimagen, no hubo mente porque sólo hubo poder. No recordé que era mujer ni todo lo débil que he elegido creer que soy. 


  En ese momento, me sentí canal de una fuerza arrasadora capaz de destruir todo aquello que osara atentar contra mi integridad. Brotó de mí la amazona. Brotó la bruja. Brotaron la loba, la diosa, la luna, la maga. Pude sentir cómo fue que la tierra manifestó su fuerza para desterrar a los dinosaurios, y a cada especie destructiva que abusó de sus recursos. Por supuesto, el hombre que me había amenazado no cruzó la línea porque no encontró mi miedo y el desconcierto desactivó su impulso. Me sirvió la secuencia para reconocerme completa, para asumir que llevo en mí todas las herramientas necesarias para saberme segura. Luego de eso, bailé al ritmo de los tambores como una africana junto al fuego, como una latinoamericana en el carnaval, como hija del Universo que saboreó a su dios con la lengua.


  Vale decir que, hace tiempo, descubrí que el secreto para soltar a las personas (cuando no se ha logrado construir un vínculo desde el desapego) está en encontrar dentro de mí aquello que tanto me gusta de ellas, así ya no necesito tenerlas cerca, porque cultivo en mí lo que de ellas admiro. Claro que puedo seguir compartiendo luego, pero sin necesidad de por medio. Ha sido mi manera de transformar los modos de relacionarme. Los vínculos que aceptaron adaptarse a las nuevas formas han permanecido y los que no, han sido liberados. Fue descubrimiento a la fuerza, tras un apego brutal en el que caí encantada por el lado salvaje de alguien más. Ese encuentro fue un contraste, una polaridad extrema que explotó y dejó descubierta la intelectualización de mis emociones, mi miedo a mí misma, a mi lado reactivo. Me mostró de un cachetazo el desequilibrio que causaba en mis relaciones mi pasividad, y cuánto mi inconsciente me pedía que reactivara mi lado visceral. Esa experiencia me guió en su último tramo hasta acá, hasta este proceso de integración de mi masculino salvaje.

  Ya no tengo miedo de mí misma y prefiero emocionar cada vez que algo o alguien lo provoque, ya no dejo de elegirme para ser la elegida de alguien. No obedezco al miedo, aunque esté presente. No es ésa mi voz. No es ése mi camino hoy, no es ésa la forma del mañana que dibujo para mí. No voy a quedarme sentada en el sofá de la víctima, aferrándome a cualquier cosa para ser evaluada y aprobada como mujer. En cada paso que doy busco no aferrarme.

  No aferrarme a ninguna institución, son sólo espacios para encontrar lo que haga falta y para mí salir de allí es preciso. El apego a la institución es una zona más de confort, otra forma de escapar al miedo y revolcarme como cerdito en el chiquero de la falsa seguridad. Lo que no se libera no se transforma. Los cerdos están a un solo átomo de ser pus y su destino es ser embutidos.

  No aferrarme a ningún talento, para mí el único talento valioso es la capacidad de traducirse el alma, y no importa cuál sea la actividad que use para lograrlo. Hay interminables cosas para hacer en este mundo, voy a descubrirlas. Hacer es consecuencia de ser y si dejo de poder ser en lo que estoy haciendo, ese hacer pierde sentido y valor.

  No aferrarme a ningún grupo, para mí éstos tienden a replegarse sobre sí mismos por anteponer la permanencia a la fluidez y creo que desentenderme de mi individualidad es tan irresponsable como elegir el individualismo, porque son las dos caras de una misma moneda.

  No aferrarme a ninguna moral, ni sostener la mía, porque elijo deconstruirla permanentemente. Si me delimito con normas y estereotipos en lugar de trascenderlos, perderé mi autonomía y volveré a creer que el sueño es real otra vez.

  No aferrarme a ninguna persona, porque para mí es negar la posibilidad de seguir creciendo a ambas partes. Y no aferrarme no implica dejar de elegir a alguien cada día, sino renunciar al temor de perder lo que no es pertenencia tanto como renunciar a quienes no comprenden que lo que dan es lo que se dan.


  No aferrarme a mi cuerpo físico, porque para mí es sólo un medio para descifrar el recorrido del alma y conducirla a la trascendencia. No me es posible concebir este envase mundano más que como un transporte de ADN habilitado para el placer que va zigzagueando entre la materialidad y la inmaterialidad, superando la fragmentación interior, acercándome a la totalidad. 

  Hoy tengo una sensación distinta a todas las veces en que antes me llamé a mí misma “mujer”, como si algo hubiera desprogramado en mi memoria celular la categoría “géneros”. Me sé infinita, y estoy permitiéndome abarcar lo que soy. Soy todo lo que necesito, quiero, elijo, puedo y se me ocurre ser y hacer de mí. Estoy al servicio de mi humanidad. Todo lo que me coloco, también me lo quito, las veces que sean necesarias. Voy honrando a todos los yoes que me habitan, encarnándolos a todos, me visten y me desnudan cada día, entro y salgo constantemente de ellos, como en una danza tántrica, en sagrada Pranayama. Pero no voy a quedarme en éstos, porque sé que estoy soñando y que soy quien diseña este sueño.



También soy luna

  Hoy incendié la mesa. Le prendí fuego con la lengua y soplé cada vestigio de humedad. Quemé el silencio y provoqué a todos los sonidos para mi provecho. Con todos éstos, hice un ruido aturdidor, dantesco, agresivo. Todas las mujeres del mundo lo escucharon resonar en sus vientres. Solté los controles y honré mi sagrada ira, esa fiera interna que nunca había soltado con tanta responsabilidad, y libertad. 
  Me habilité para despedazar y derramarme como lava sobre la certeza de impunidad del abuso. Me dí el lujo de anular el juego que no me incluyó en la parte divertida. Me ví espléndida, brillando en la furia manifiesta, en el nombre de Zeus, de Isis y de la loca y puta tierra. Me expandí con el éxtasis de liberación del más difícil maestro, frente a él y detrás de nadie.
  He sido luna hoy, una asesina furiosa de la paz. Fui lo que me debía y mi hígado recuperó la luz desvanecida. Fui jodida, fui lanza, fui veneno, guillotina, infierno. Fui quien debí ser muchas veces, pero concentrada. A mí no me llevan más a la hoguera. Si hay fuego, será el mío.
  Cuando quieran, eh. Que cada uno se haga cargo de lo que genera. Nada es gratis en este multi-verso.





Encontré a mi alma gemela

  Está dentro de mí. Es conmigo. Sabe que soy prioridad y sólo cuando lo ha reconocido (a diario) sabe acompañar a los demás. 
  Me ama, y sabe que expectar es un lujo que no necesitamos. Me da la exclusividad que nadie debió darme nunca. Me da la libertad que nadie más puede darme. Siempre hemos sido libres, y siempre lo seremos.



Cuestiones de ser humano

(Rejunte de ideas que han ido pasando por mi mente en distintos momentos)
Parece ser que el amor vale sólo con los conocidos que me gustan. 
Parece ser que el odio y la violencia están justificados en nombre del amor.
Parece ser que el nivel de importancia de los hechos y de la vida misma depende de la distancia geográfica entre éstos y yo.
Parece ser que no hay un presidente capacitado para asumir la completa responsabilidad del inconsciente colectivo.
Parece ser que el otro no quiere aceptar que siempre está equivocado.
Parece ser que el éxito consiste en ser el que más vende lo innecesario.
Parece ser que lo que yo necesito es definido por la conveniencia ajena.
Parece ser que matar animales es cruel sólo cuando no me los como.
Parece ser que los árboles se han empecinado en destruir las veredas.
Parece ser que mi zona de confort es el ombligo del mundo.


VOLUNTAD


Si me voy de pronto

a la constelación de Orión
o a la estrella Sirio
del fuego que los quema
maten el recuerdo
Que no importe el puente
ni quien a él me lleve
déjenme cruzarlo 
desnuda
resuelta
y a la hora de amar 
fuera del tiempo
y de la poesía
saluden al sol






Cuando las emociones acumuladas toman el mando de la conciencia colectiva

Interpretación de sueños.
Simbología onírica.
  Soñé que caminaba por la calle (mundo externo) y, de pronto, el mar (emocionalidad/ inconsciente colectivo) en vez de manifestarse en la superficie de la tierra, copaba el cielo (aire, pensamiento, mente, razón) salpicando a quienes estábamos debajo. El sonido de las olas era el mismo que producen los latigazos, violento y repetitivo (ira). Yo observaba fascinada el agua embravecida agitándose sobre sí misma y, aunque me sentía tranquila, dirigía a todas las personas (aspectos de mi yo) hacia mi casa (hogar interno), para su resguardo. Mi hijo (mi ser), que permanecía siempre junto a mí (ego y ser a la par=eje), encontraba, camino a casa (introspección), muchas cajitas artesanales (expresiones artísticas=formas del corazón) sobre una mesa (donde se nos sirve/servimos el alimento/amor) que al abrirlas emitían el mismo sonido que ya habíamos escuchado de las olas del mar. Yo permanecía en silencio (ego reconociendo el liderazgo del ser) y comprendía que sólo él podía haberlas encontrado (sólo el ser percibe cuándo resuena la verdad) y luego entrábamos a casa a seguir trabajando en ello (el trabajo interno nunca se termina).
  El contexto social, cultural, mundial mete miedo, pero ese contexto y ese miedo no son más que señales de lo que cultivamos adentro y de cuán urgente es ocuparse de la parte que a cada uno le toca para expandir la conciencia colectiva. Sólo la responsabilidad hace al iluminado.


¿Cómo será el mundo sin vos?

26-01-17 
  Esta tarde, mientras caminaban mis pies y flotaba mi alma, mientras mi mente recordaba que mi espìritu no necesita a nadie pero que elije a muchos, fui trasladada a caminatas viejas en las que dirigía (silenciosamente) esta pregunta a mi madre o a mi padre:
                                                                 "¿Còmo serà el mundo sin vos?..."

  Trataba de imaginar què sentirìa ese dìa en que mi niña interior descubriera que mamà y papà ya no son palpables. Me preguntaba si sentirìa màs miedo, màs desprotecciòn, desorientaciòn... Ese escenario desafiante me causaba enorme curiosidad.
  Hoy es ese dìa. Mamà y papà ya no son palpables. Ya no puedo correr a filosofar el mundo complejo con mi padre, pero me entrenò tan bien que ya puedo discernir sola. Ya no puedo visitar a mi madre para buscar mi llanto en sus ojos cuando me siento herida, pero me entrenò muy bien en vivir mis propias emociones. Y descubrì que gracias a toda la desprotecciòn que sentì y dolì durante la mayor parte del tiempo que duraron sus presencias fìsicas en mi vida, hoy me siento lo suficientemente protegida por mì misma frente a mì misma. Y el resto del mundo no es màs que màs de mì, no es màs que YO en el sentido màs profundo de la palabra. Todo eso que està del otro lado de mis ojos, es màs YO que nunca. Y ya no me temo, ni me daño lo suficiente para arrepentirme de hacerlo.
  Ya me dolì suficiente, desde la primera hasta la ùltima fibra. Ahora me amo de un modo que me ha vuelto perfectamente capaz y libre de soltar la vida misma antes que conformarme de nuevo con menos de lo que mi espìritu ha venido a buscar.
  Esta es mi maestrìa, yo misma me la he otorgado.


ÍNTEGRA



Una soledad digna
me completa,
engendra el vacío,
párvulo regente
de mis espacios
Tiembla el falo
frente al clímax
que de él prescinde
No espero su espasmo,
he llegado a mí
bienvenida


Espiritualidad práctica


  Concebir la calma en medio del conflicto, la humildad en pleno éxito, la simpleza en medio de la complejidad, el amor en medio del odio, la empatía en pleno ejercicio del poder, la modestia en medio de la riqueza, la prudencia en plena guerra intelectual, la comunicación en medio de la violencia, la alegría en medio del dolor.

  Eso es espiritualidad para mí.
  Nada más.


Eligiendo conscientemente a mi ánimus


  ¿Qué estás pensando, Laura? Facebook indaga, curioso, buscando meterse en los laberintos de mi poderosa mente. Lo de todos los días. Y aunque parece una simple pregunta, hoy es inmensa. 
  Pensaba en las veces que me dije "Oh, quiero pensar en alguien", en momentos de no tener alguna relación del tipo amorosa. Justamente, éste es uno de esos momentos. Y antes de volver a tener ese viejo deseo, percibo lo que tanto leo últimamente, que las alineaciones planetarias que ahora experimentamos son nuevas para esta generación de seres humanos, ya que nunca antes las hemos vivido. Por lo tanto, las ideas, los sentimientos, los pensamientos, no son los habituales. Todo es nuevo, la energía es desconocida y andamos todos improvisando sobre terrenos inadivinables (lo cual adoro). Y sí, algo ha cambiado en la mente universal y en la mía (que es fractal de la primera), ya no tengo el deseo de pensar en alguien, porque siempre he pensado en alguien, y he pensado mucho. He estado pidiendo el deseo equivocado toda mi vida. He atraído, construido y sostenido relaciones puramente intelectuales, llenas de mente. Siempre se han tratado de un desgastante desafío mental, que lógicamente es producto de la relación exigentemente intelectual que tuve con mi padre. No tienen idea de lo liberador que es descubrir semejante cosa. (Chau, papá.) 
  Me vino el recuerdo de un exnovio que empezó diciendome "me encanta ese equilibrio que hay en vos, entre lo emocional y lo intelectual" y terminó diciéndome "odio que seas tan inteligente". Evidencia de que no éramos compañeros, sino contrincantes. Con este deseo de querer pensar en alguien he atraido a una larga lista de hombres con niveles intelectuales altísimos (hay alguna excepción, claro) que he terminado dejando en el camino por agotamiento mental. No he construido relaciones de disfrute, siempre han sido estresantes, de defensa, de cuidado, de competencia, de alerta, y siempre he sido una amenaza en vez de un complemento. Han sido relaciones de amor/odio, en las que el amor significaba poder dominar mi mente y el odio surgía de no poder conseguirlo, llegando hasta la violencia. Relaciones que he dejado cuando el otro ha estado ya tan metido en mi cabeza, ocupando cada rincón, que he necesitado desesperadamente no pensar más en él para poder pensar en mí. Cuando me he sentido completamente anulada e invadida. Es por ésto que nunca pude sentirme plena estando en pareja y finalmente he pateado todos y cada uno de los tableros. Algunas veces me dije: "Laura, no podés andar por la vida dejándolos a todos", con muchísima culpa pero sin poder seguir de ningún modo.

Y  a no quiero pensar en alguien. No quiero dejar que me lleve la corriente de dinámicas que hoy sé reconocer claramente, como evaluar el pensamiento del otro, sus ideas, y dejar que lo haga conmigo tiempo completo. No quiero que alguien esté todo el día en mi cabeza, consumiendo la energía de mi mente. No quiero obstinados debates, ni especulaciones o estrategias que midan cuánto sabe cada uno. Nadie es más sabio que el sabe amar y ser amado. No necesito ni deseo competir, no busco ni quiero ser aprobada intelectualmente. No quiero volver a atraer hombres que me pongan a prueba cada día para sentir menos miedo de mí, para tenerme bajo control. No quiero acostumbrarme al hábito enfermizo (muy de las nuevas tecnologías) de saber todo el tiempo lo que hace el otro y viceversa, y que al momento de vernos no haya de qué hablar, ni ganas de escucharnos, de tocarnos, de mirarnos. No quiero pensar en alguien que no tenga tiempo para sentirme, sentirse y sentirnos. Quiero atraer a un hombre que se descalze para sentir como vibra y brama la tierra, que también soy yo. Por menos de eso, no me comparto.

  Quiero sentir a alguien. Quiero sentir más, y extiendo este deseo a todos mis vínculos. Éste es el deseo que siempre debí pedir, y viene del corazón. Allá va... 


Estar viva

  Cuando mi hija murió, yo odiaba al mundo entero, con cada uno de sus seres y detalles. Lo odiaba porque seguía funcionando, cuando yo sentía que todo debía morirse con ella, yo y mis diecisiete años incluidos. Odiaba las sonrisas, las sorpresas, las celebraciones, las mañanas de mierda que me despertaban cada día de mierda. No tenía alma, no tenía vida, no tenía ganas. Odiaba que la tierra siguiera su curso, cuando yo no podía retroceder el de mi tiempo, para darle a Miranda más de mi amor, ése que no había sido suficiente para que se quedara conmigo. 
  A veces, sentía que mi embarazo, su nacimiento y sus días, sólo habian sido uno de esos sueños que parecen reales y que sólo había despertado de él. Pero cuando entraba a aquella casa en la que mi cuerpo actuaba como un robot, y veía su ropa, sus pañales, sufría el desengaño. Ese corazón casi muerto que llevaba tras los pechos llenos de leche comenzaba a rasguñarme desde adentro intentando salirse de mí. Y yo sólo quería que saliera, que se fuera, que me dejara sin motor automático. Quería que todos me dejaran, que el mundo me dejara, que todos se murieran, que la tierra se partiera y todo se esfumara. Si el mundo podía vivir sin ella, no podía ser ése mi mundo. Yo no podía encontrar la manera de querer seguir, ya nada más me importaba. Nada era soportable. Todo estaba muerto y sin enterrar. 
Pasé algunos meses abstraída, programada para mis funciones básicas, y cuando volví, pasé algunos años tomando mucho alcohol los fines de semana, ahogada en un llanto inacabable. El corazón casi muerto seguía rasguñándome desde adentro, desesperado, como si me lo hubiesen enterrado vivo en el torso. Durante esa experiencia, descubrí que nunca antes había sentido el tope del dolor. 
  De ese tope empecé a bajar con los años. Fue gracias a un sueño en el que mi hija, nítida y serena, me dijo: "Por favor, dejá de sufrir por mí, que si no me soltás no puedo seguir. Quedate tranquila, que yo estoy bien". Me sacudió ese mensaje suyo. Me sentí la persona más egoísta que había sobre el planeta. Me despertó. Supe que había pasado muchísimo tiempo pensando sólo en mí, en mi necesidad, en mi carencia. Me sorprendí de mí misma, fue un cachetazo que hizo que mi corazón dejara de rasguñarme desde adentro y empezara a trabajar con humildad. La dejé ir sumamente agradecida y a los diez años de su partida, me sentí viva de nuevo, pero sobre todo, digna del amor de mi hijo Genaro (quien nació a mis diecinueve años). 
  Luego, murieron mi padre y mi madre, y despedirlos fue un real honor. La muerte ahora me parece una transformación maravillosa, un puente digno de gratitud, una consagración a la que se llega por mérito. A la muerte hay que merecerla. Hay que cargarse la vida encima y caminar hasta que aquella diga basta. Quien la gana ya lo ha tenido todo, tanto que ha dejado de precisarlo por completo. 
  Ya no vivo muerta, me siento lo suficientemente viva para querer lo mejor para mí y pienso vivir todo lo que pueda. Vivo del modo que elijo para merecer mi muerte, y cuando esa sacerdotisa me nombre, abrazaré al mundo entero. 

Nada podemos perder, todo podemos elegir. Todo es para todos, pero de nadie.