ÍNTEGRA



Una soledad digna
me completa,
engendra el vacío,
párvulo regente
de mis espacios
Tiembla el falo
frente al clímax
que de él prescinde
No espero su espasmo,
he llegado a mí
bienvenida


Espiritualidad práctica


  Concebir la calma en medio del conflicto, la humildad en pleno éxito, la simpleza en medio de la complejidad, el amor en medio del odio, la empatía en pleno ejercicio del poder, la modestia en medio de la riqueza, la prudencia en plena guerra intelectual, la comunicación en medio de la violencia, la alegría en medio del dolor.

  Eso es espiritualidad para mí.
  Nada más.


Eligiendo conscientemente a mi ánimus


  ¿Qué estás pensando, Laura? Facebook indaga, curioso, buscando meterse en los laberintos de mi poderosa mente. Lo de todos los días. Y aunque parece una simple pregunta, hoy es inmensa. 
  Pensaba en las veces que me dije "Oh, quiero pensar en alguien", en momentos de no tener alguna relación del tipo amorosa. Justamente, éste es uno de esos momentos. Y antes de volver a tener ese viejo deseo, percibo lo que tanto leo últimamente, que las alineaciones planetarias que ahora experimentamos son nuevas para esta generación de seres humanos, ya que nunca antes las hemos vivido. Por lo tanto, las ideas, los sentimientos, los pensamientos, no son los habituales. Todo es nuevo, la energía es desconocida y andamos todos improvisando sobre terrenos inadivinables (lo cual adoro). Y sí, algo ha cambiado en la mente universal y en la mía (que es fractal de la primera), ya no tengo el deseo de pensar en alguien, porque siempre he pensado en alguien, y he pensado mucho. He estado pidiendo el deseo equivocado toda mi vida. He atraído, construido y sostenido relaciones puramente intelectuales, llenas de mente. Siempre se han tratado de un desgastante desafío mental, que lógicamente es producto de la relación exigentemente intelectual que tuve con mi padre. No tienen idea de lo liberador que es descubrir semejante cosa. (Chau, papá.) 
  Me vino el recuerdo de un exnovio que empezó diciendome "me encanta ese equilibrio que hay en vos, entre lo emocional y lo intelectual" y terminó diciéndome "odio que seas tan inteligente". Evidencia de que no éramos compañeros, sino contrincantes. Con este deseo de querer pensar en alguien he atraido a una larga lista de hombres con niveles intelectuales altísimos (hay alguna excepción, claro) que he terminado dejando en el camino por agotamiento mental. No he construido relaciones de disfrute, siempre han sido estresantes, de defensa, de cuidado, de competencia, de alerta, y siempre he sido una amenaza en vez de un complemento. Han sido relaciones de amor/odio, en las que el amor significaba poder dominar mi mente y el odio surgía de no poder conseguirlo, llegando hasta la violencia. Relaciones que he dejado cuando el otro ha estado ya tan metido en mi cabeza, ocupando cada rincón, que he necesitado desesperadamente no pensar más en él para poder pensar en mí. Cuando me he sentido completamente anulada e invadida. Es por ésto que nunca pude sentirme plena estando en pareja y finalmente he pateado todos y cada uno de los tableros. Algunas veces me dije: "Laura, no podés andar por la vida dejándolos a todos", con muchísima culpa pero sin poder seguir de ningún modo.

Y  a no quiero pensar en alguien. No quiero dejar que me lleve la corriente de dinámicas que hoy sé reconocer claramente, como evaluar el pensamiento del otro, sus ideas, y dejar que lo haga conmigo tiempo completo. No quiero que alguien esté todo el día en mi cabeza, consumiendo la energía de mi mente. No quiero obstinados debates, ni especulaciones o estrategias que midan cuánto sabe cada uno. Nadie es más sabio que el sabe amar y ser amado. No necesito ni deseo competir, no busco ni quiero ser aprobada intelectualmente. No quiero volver a atraer hombres que me pongan a prueba cada día para sentir menos miedo de mí, para tenerme bajo control. No quiero acostumbrarme al hábito enfermizo (muy de las nuevas tecnologías) de saber todo el tiempo lo que hace el otro y viceversa, y que al momento de vernos no haya de qué hablar, ni ganas de escucharnos, de tocarnos, de mirarnos. No quiero pensar en alguien que no tenga tiempo para sentirme, sentirse y sentirnos. Quiero atraer a un hombre que se descalze para sentir como vibra y brama la tierra, que también soy yo. Por menos de eso, no me comparto.

  Quiero sentir a alguien. Quiero sentir más, y extiendo este deseo a todos mis vínculos. Éste es el deseo que siempre debí pedir, y viene del corazón. Allá va... 


Estar viva

  Cuando mi hija murió, yo odiaba al mundo entero, con cada uno de sus seres y detalles. Lo odiaba porque seguía funcionando, cuando yo sentía que todo debía morirse con ella, yo y mis diecisiete años incluidos. Odiaba las sonrisas, las sorpresas, las celebraciones, las mañanas de mierda que me despertaban cada día de mierda. No tenía alma, no tenía vida, no tenía ganas. Odiaba que la tierra siguiera su curso, cuando yo no podía retroceder el de mi tiempo, para darle a Miranda más de mi amor, ése que no había sido suficiente para que se quedara conmigo. 
  A veces, sentía que mi embarazo, su nacimiento y sus días, sólo habian sido uno de esos sueños que parecen reales y que sólo había despertado de él. Pero cuando entraba a aquella casa en la que mi cuerpo actuaba como un robot, y veía su ropa, sus pañales, sufría el desengaño. Ese corazón casi muerto que llevaba tras los pechos llenos de leche comenzaba a rasguñarme desde adentro intentando salirse de mí. Y yo sólo quería que saliera, que se fuera, que me dejara sin motor automático. Quería que todos me dejaran, que el mundo me dejara, que todos se murieran, que la tierra se partiera y todo se esfumara. Si el mundo podía vivir sin ella, no podía ser ése mi mundo. Yo no podía encontrar la manera de querer seguir, ya nada más me importaba. Nada era soportable. Todo estaba muerto y sin enterrar. 
Pasé algunos meses abstraída, programada para mis funciones básicas, y cuando volví, pasé algunos años tomando mucho alcohol los fines de semana, ahogada en un llanto inacabable. El corazón casi muerto seguía rasguñándome desde adentro, desesperado, como si me lo hubiesen enterrado vivo en el torso. Durante esa experiencia, descubrí que nunca antes había sentido el tope del dolor. 
  De ese tope empecé a bajar con los años. Fue gracias a un sueño en el que mi hija, nítida y serena, me dijo: "Por favor, dejá de sufrir por mí, que si no me soltás no puedo seguir. Quedate tranquila, que yo estoy bien". Me sacudió ese mensaje suyo. Me sentí la persona más egoísta que había sobre el planeta. Me despertó. Supe que había pasado muchísimo tiempo pensando sólo en mí, en mi necesidad, en mi carencia. Me sorprendí de mí misma, fue un cachetazo que hizo que mi corazón dejara de rasguñarme desde adentro y empezara a trabajar con humildad. La dejé ir sumamente agradecida y a los diez años de su partida, me sentí viva de nuevo, pero sobre todo, digna del amor de mi hijo Genaro (quien nació a mis diecinueve años). 
  Luego, murieron mi padre y mi madre, y despedirlos fue un real honor. La muerte ahora me parece una transformación maravillosa, un puente digno de gratitud, una consagración a la que se llega por mérito. A la muerte hay que merecerla. Hay que cargarse la vida encima y caminar hasta que aquella diga basta. Quien la gana ya lo ha tenido todo, tanto que ha dejado de precisarlo por completo. 
  Ya no vivo muerta, me siento lo suficientemente viva para querer lo mejor para mí y pienso vivir todo lo que pueda. Vivo del modo que elijo para merecer mi muerte, y cuando esa sacerdotisa me nombre, abrazaré al mundo entero. 

Nada podemos perder, todo podemos elegir. Todo es para todos, pero de nadie.

Aprovechar la existencia

  Andar desnuda el día entero, comer con las manos y chuparme los dedos, decir mis sentimientos, elegir mis pensamientos, esquivar mis costumbres, tirar todo lo que sobra, ampliar mis espacios y compartirlos, analizar a los insectos, destrozar mis siempre y mis nunca, divertirme con mi compañía, probar lo que no conozco, enaltecer a las arañas, sentir lo que he ignorado, cantar y reir alto por la calle, callarme la boca cuando me doy cuenta, bailar en público igual que en casa y ser la fiesta de la fiesta, pisar donde no dejaron huella sólo porque me asusta, esconderme de todos para que nadie interrumpa mis tristezas, concentrarme religiosamente en lo que percibo, escucharme y obedecerme, detener el mundo si no se me ha permitido expresarme, echar afuera los rodeos, aventurarme a perder el corazón prestándolo como si fuera un disco o un libro, develar las intenciones, apreciar el jugo de todas mis relaciones, compensar con amor mis carencias, escuchar el deseo de mí útero y describir ese incendio, descartar la repetición, sumergirme en el imprevisto, filosofar hasta el estrés, adorar los alfajores, temblar de miedo, rendirme al dolor, saltar de la alegría al beso y explorar un cuerpo con mi lengua, correr como viento, jugar en la plaza y sacralizar mi juego, atreverme a desprenderlo todo, renunciar a todo aquello que se me vuelve necesario, dormir de día y de noche despertar en mis propios sueños, concienciar el mundo que construye mi inconsciente, morder, andar en bicicleta con los ojos cerrados, decodificar el placer de todo, leer los espejos, interpretar la simbología, encontrar los mensajes en cada evento, gozar, humedecer la tierra, regocijarme, perderme y encontrarme, cagarme de vez en cuando en todo lo que generalmente cuido, despreciar la importancia, arriesgar lo verdadero, quemar los versos, burlarme de mi ego y luego contenerlo, incomodar lo que me duerme, sacudir lo aburrido y extasiarme, comer todo lo que quiero, beber hasta sentirme pájaro, asustar a mis miedos y medirlos, comer crudo, hablar de comida, borrar los maltratos, permanecer sola para no conformarme con poco y tomar mate soñando a un compañero, sembrar verduras y regarlas cada día, bendecir la ayuda de los astros, comprender a la luna y respetar el curso de sus procesos, empujarme hacia afuera para no aislarme, alejarme de los verdugos y los castigos, insistir en aceptar todo como es, descalzarme y meter los pies en el barro, mojarme, soltar mis rulos y el control de las situaciones, estimular mis grandes ideas, espantar a los cobardes, despojarme de recuerdos, besar a todos con ruido y abrazar como si fuera la última vez, menstruar con honor y ovular con fuego, agradecer hasta las muertes, enojarme conmigo hasta encontrar lo que me duele, erotizarme, complacerme, sumergirme en mis deseos, apedrear la culpa aunque se asome por donde menos lo suponga, completarme admirando al otro, reconocer la razón y el miedo, acompañarme en todos mis descuidos, recordarme a diario lo que ya no elijo para mí.
  Darme más oportunidades para ser yo, ausente, serena o salvaje.






Diálogo

  "Estudiè letras y no sè qué significa la palabra bocacalle", anoche pensè éso mientras seguìa instrucciones para llegar a un lugar determinado, fuera de la ciudad. (EGO)
  A los segundos, me dije: "Pero sè bien què es el miedo y còmo enfrentarlo, asi que està compensado para mì". (ESPÌRITU)
  A algùn lado iba a llegar. No habìa por què preocuparse. No sè adònde voy, pero voy conmigo y eso es todo lo que quiero.


Propósitos

31/12/17


  Quiero desatender mi autoimagen y dejar de defender mi reputación, de controlar lo que el otro, con su correspondiente libertad, elige ver en mí. El mundo entero merece mi respeto. El yo es una creencia. Todo lo que es posible ser habita dentro de mí.
  Quiero dejar de considerar siempre a los mismos amigos y de obviar la opción de compartirme con personas que desnaturalizan la zona de confort de mi identidad. El mundo entero merece mi abrazo. La amistad es una creencia. Todos los seres humanos son posibilidades. 
  Quiero dejar el hábito de derrochar opiniones y quiero tener la consciencia suficiente para decirme siempre a mí misma las mismas cosas que, por negármelas, luego proyecto y acuso afuera. El mundo entero merece mi integridad. La ideología es una creencia. Veo el mundo como soy, aceptarme en él es imprescindible para amar la vida.
  Quiero dejar de identificarme de forma exclusiva con cualquier clan y de sobredimensionar la importancia que le corresponda. El mundo entero merece mi participación. La pertenencia es una creencia. La admisión de la tierra es la única que preciso para manifestar mi humanidad.
  Quiero dejar de colaborar con la guerra entre polaridades reforzando la realidad víctimas/victimarios y quiero abogar por la trascendencia de tal dualidad. El mundo entero merece mi misericordia. La moral es una creencia. No hay bueno y malo, hay decantación de amor y miedo.

  Toda causa tiene su consecuencia y toda consecuencia tiene su causa. Dado el avance de la historia y la inconsciencia con que la hemos transitado, toda causa puede ser una consecuencia y toda consecuencia puede ser una causa. Podemos pararnos todos en medio a discutir sobre cuál es una y cuál es la otra, y seguramente no estaremos todos de acuerdo, pero las dos cuestiones son inherentes entre sí. No es posible que una exista sin la otra porque se sostienen entre sí, sólo la integración habilita el siguiente nivel ¿Tiene sentido esta disputa?


Loba

  Me acosté cansada. Soñé que caminaba pocos metros junto a un lobo de mi misma altura, en línea recta. Llegamos a una curva y me miró transmitiéndome lo que seguía: él se detendría allí a observarme y yo tendría que caminar lentamente hasta llegar al límite de este tramo, sin mirar atrás en ningún momento, ni siquiera al terminar de dar los pasos necesarios. 
  Yo sabía que debía hacerlo, que estaba ahí para afrontar el inmenso miedo que me daba desconocer qué sucedería cuando me detuviera, y daba pasos. Sentía la fuerza de esa presencia bestial detrás de mí y me sentía cada vez más valiente. Cuando llegué al final, supe, como si siempre lo hubiese sabido, que ese lobo se lanzaría con toda su fuerza sobre mí, ingresando a través de mi espalda a mi interior.   Nos fusionaríamos. Se integraría a mí, al fin. Sonreí, feliz, emocionada, gloriosa, expansiva, casi libre. Aflojé cada parte de mi cuerpo, abrí mis brazos y cerré los ojos, entregada al devenir.
  Desperté.



Eras

  El vuelo de dos aves trazó la constelación de Piscis frente a mis ojos. No puedo cerrarlos desde entonces. Una era ha finalizado y la paciencia es el camino justo para quienes no aprendieron a elegirse. Yo soy mi elegida y de donde no puedo elegirme me levanto, impaciente, quemando a los jueces. Mi fuego se engendra en la muerte y no tiene sombra.




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25/12/17

Animales, bichos y plantas
se acoplan, humildes
al campo áurico
de la conciencia colectiva
No conozco a nadie
ha cambiado mi letra
y mi lente
Escribo que me conozco
desconociéndome
en quienes pude conocerme,
en escenas cotidianas
que sé viejas
al tiempo que lo nuevo
activa canales cuánticos
devela lenguajes puros
completa despertares
Los fractales de la araña,
tejedora geométrica
de sabiduría femenina,
dispersos en el suelo
en señal de expansión
de la negra y sagrada diosa
unifican los espejos
Sonidos, movimientos, tacto
sabores, colores, olores
sinestesia del mundo
perdonando el pecado
de la separación
El cuerpo humano
se acuesta sobre la tierra
un rayo de su sol lo atraviesa
formando una cruz
Terra Christa resucita
Nativitas ha abierto el portal
al Mundo Nuevo.



Los ojos de la lechuza

  Me ahogué otra vez ¡Lloré en mi bicicleta, en la que siempre canto y me río de mí, en la que cierro los ojos para la comunión de la brisa con mi piel cuando alcanzo cierta velocidad! Nunca había llorado subida a una de esas cosas preciosas con dos ruedas que me hacen tan feliz…
  Este atardecer, pasé por el campito perfumado (por no sé qué planta salvaje) que aprecio cada vez que regreso a casa, y estaban las lechuzas de siempre. Se posan, soberbias, sobre las puntas de los palos que cercan el terreno baldío y se vuelan cuando alguien pasa, recordándonos lo poco fiables que somos los humanos para la naturaleza. Me gusta pensar que son esfinges en el camino evolutivo de mi ser, eso parecen. Desear que no tomen vuelo cuando me acerco es un hábito al que nunca he considerado renunciar. Hoy tampoco. Vi la primera y la seguí con la mirada repitiendo mentalmente, sin parar, “notevayasnotevayasnotevayas…”, y se fue. Ya estoy acostumbrada a dejarlas ir, agradecida. 
  Mientras bendecía mis retinas la sabida retirada, mi trayecto visual se vio interrumpido por otra lechuza que estaba más cerca, sobre la punta de otro de los palos, completamente inmóvil ¡Qué dicha para esta simple humana que tantas veces había anhelado ese contacto! Evidentemente no tenía intenciones de marcharse, aunque las posibilidades de que lo hiciera seguían siendo muchas. Entonces, recordé que mi mente es la co-creadora de mi realidad y que si me enfocaba en considerar otras opciones, iba a abrir camino a otros posibles resultados. Así es que mandé mi intelecto y sus infinitos análisis a alguna sala silenciosa de mi conciencia y miré directo a los ojos de la criatura, sin dudarlo, para no desperdiciar un sólo segundo de la poquísima duración que seguramente tendría ese momento. 

  El recuerdo de aquella meditación en casa de Mita hacía semanas, en la que encontré una lechuza blanca como animal personal de poder, sumado a la profunda tristeza que había estado transitando hoy, me llevaron a transmitirle un sólo mensaje: “Ayudame…”. Se lo dije por dentro, desde muy adentro de mi corazón, con una desesperación que me venía reservando para no preocupar, sintiéndome contenida por la magia de esos esféricos ojos que abrían portales hacia mí misma. El bicho, hermoso, giró su cabeza hacia la derecha a una velocidad increíble y la volvió hacia el frente, dirigiendo sus ojazos hacia mí otra vez. Continuó sin moverse de su lugar, observándome sin distracción. Yo me alejaba en el rodado muy lentamente y ella rotaba su cabeza sin cortar nuestra conexión visual, hasta que decidí revisar hacia dónde estaba pedaleando y me brotaron las lágrimas. Sentí esas gotas mías abriéndose camino bajo mis ojos y la brisa encausando su destino, refrescando las húmedas líneas en mi cara. Emoción, conmoción, gratitud. Todo eso lloré sobre la bicicleta. 
  En pocos minutos, llegué a casa y me senté a escribir lo que saliera de mi cabeza, para desenredarme, para separar los pensamientos de las emociones y develar el sentimiento. El impacto de aquel contacto visual había activado un volcán en mi interior. Comencé a apuntar cosas como:
  No puedo salir…
  Me falta fuerza…
  No sé qué debo hacer…
  Me detuve con curiosidad y me leí, sorprendida ante la lista inconsciente de “no” que estaba plasmando. Recordé a Anita diciéndome: “Abrite al gran Sí de la vida”, que es aceptar que lo que es, es como es, ya que al experienciarlo desde un lugar de aceptación sí puede ser transformado. Ningún adicto supera la adicción sin antes aceptar que la tiene, por ejemplo. ¡Fue tan oportuno recuerdo (siempre lo es)! Tomé consciencia, estaba vibrando carencia, girando sin parar alrededor de lo que no es. Por supuesto, comencé a transformar mis expresiones sin alterar el contenido:
  Permanezco aquí (ya no es un problema no poder salir)
  Contemplo mi debilidad (ya no es un problema no tener fuerza)
  Puedo elegir (ya no es un problema no saber qué hacer)…
  Y seguí, seguí hasta que el hilo de afirmaciones me sacó de donde antes no podía salir. La mente es un laberinto en el que, tras perder la conciencia de dos de tus pasos, resulta muy fácil desviarse y muy difícil reconocer dónde era que estabas y hacia dónde era que te dirigías. Terminé trascendiendo la tristeza y decidiendo que haré lo que surja (caminar), sin preocuparme por el “qué (adónde quiero/puedo llegar)” que se esclarece en cuanto me ocupo del “cómo” (desde dónde quiero/elijo salir). La materia prima de la creación es la abundancia, no la carencia.

  03:33 a.m.






Veo estrellas...

  Ahora que veo todas las estrellas, no puedo mostrarlas. Han caído sobre mi regazo, titilantes, silenciosas, maravillantes. Levanto la vista para compartirlas, pero nadie puede atender su luz. Hay mucha tarea, pendientes, toda la vida. Me quedo quieta, paciente, y lo comprendo. A veces lloro como bebé, otras juego como niña, otras actúo como adulta, pero sigo viendo todas estas estrellas en mi regazo cuando vuelvo a sentarme. 
  Me siento sola, y está bien. Me siento a mí misma, estando sola. Siento este silencio, veo estas estrellas. Y un día alguien más las verá, entonces podré marcharme sin ellas. Es que, a veces, no quiero verlas más



Desnudate para vos
alma
Aventá los egos
cuerpo



CONSCIENCIA


Tengo una fogata en el pecho que quiere incendiarme
Angustia que alzó temperatura y purifica
La ebullición constante del dolor pariendo llamas
La enfermedad del equilibrio duramente alcanzado
El sexo de la tierra en tiempo de ovulación
La bendición de quien elige quemarse vivo
ingiriendo las amarguras del camino más largo
manoseando palabras soberbias de bocas santas
transpirando los rayos del sol bajo la luna
renunciando a sí mismo



BRUJERÍAS


Sueño, soñando
situaciones que evoco cada día,
para mí.
Cuando mis sueños se cumplan
revolveré mi caldero.
Ojo de tormenta
Paso de hormiga
Boca de lobo
Jugo de vida




A la persona que piensa y siente

  Cuando acusás de putxs, gordxs, fexs, negrxs, vagxs, lacras, basuras, patoterxs, quilomberxs, fachos, hippies, mafiosxs, etc., a quienes piensan "diferente" a vos y expresás tu deseo de que no existan... ¿Te referís a nuestrxs hermanxs? ¿En serio? ¿Tu corazón te dicta eso?¿Odio y muerte?
  Porque si es así, date cuenta de que Macri nos está representando a la perfección. Yo quiero que deje la presidencia porque lo que genera me causa mucho dolor, otros quieren que lo haga porque el dolor que activa les despierta odio. Por distintas emociones, queremos que se vaya. Hay otros que quieren que se quede para regocijarse viendo sufrir o caer a grupos de su propia especie, y sucede tanto a nivel nacional como mundial. Con todos nuestros representantes se repite esta misma actitud colectiva, en mayor o menor medida. Queremos que se vaya porque es el espejo de la sociedad que hemos construido y (más difícil de digerir aún) de nosotros mismos. Nuestra sociedad siempre querrá que el/la presidente/a que sea que esté de turno se vaya. Ahora es Macri, antes fue Cristina (y vi a muchos extrañarla ahora, cuando antes la demonizaron) y han sido casi todos. 
  Actuamos como una sociedad inmadura, egoísta, irresponsable, soberbia, cruel, violenta, discriminadora y vendemos todo lo contrario. Exactamente así, juzgamos a nuestros representantes, estemos del lado de la histórica dualidad argentina en la que estemos. Y lo son, no caben dudas, porque así actuamos nosotros y nos rechazamos frente al espejo. Cuando nos asumamos, dejemos de castigarnos, culparnos, reprimirnos y nos permitamos amar al igual sin la excusa de que es diferente, tendremos un representante con estas virtudes. El que ponés en la vereda de en frente es tu reflejo, no es diferente a vos sino todo lo contrario. Te incomoda que encima lo manifiesta abiertamente y expone lo que tanto te ha costado combatir en vos, sin éxito. Duele, da bronca, es difícil aceptarlo, el ego se siente como caracol en la sal pero es el camino más noble, y el más sano para todos. Por donde hemos venido caminando hasta ahora, seguiremos sufriendo y odiando frente el espejo.
  Pero somos así a causa de los golpes que hemos recibido a lo largo de la historia. Somos todo aquello por encima, pero nuestra esencia es muy hermosa. Somos una mágica mezcla de culturas que lleva en la sangre el antídoto para el dolor, sólo hemos olvidado cómo usarlo. Sabemos proteger y trabajar la tierra, sabemos comunicarnos con el Cosmos a través de las vibraciones, cocinamos el amor en todos los calderos porque somos uno de los nidos de brujas/machis/chamanas más amorosas que ha parido la tierra. Nuestras ventajas frente al inconscientemente colectivo son muchas, y son inmensamente poderosas.

  ¿No tenés ganas de que ya sea distinto? 
  ¿No estás cansadx de la batalla infinita que nunca te trae paz y dicha?

  Salgamos a la calle y amémonos en cada una de las personas que se crucen en nuestro camino, como si fueran las células de nuestro cuerpo (y ciertamente, lo son). No lapidemos al que opina y desconoce, porque vos opinás y desconocés su historia. Pedile que te la cuente, contale la tuya. Encontrate con el otro, porque te necesita tanto como vos a él. Nos necesitamos todos.


TIEMPO DE DOLER


Me clavé una aguja de reloj en el pecho
No puedo sacármela
Es el tiempo de mi corazón
guiando el curso del dolor
No debo sacármela




"Una sola persona basta para desequilibrar a un mundo entero"


  Cada uno de nosotros es todo con todos. Se es el mundo entero con el sólo hecho de existir. Mientras yo o alguno de mis hermanos no esté en su eje, nadie podrá trascender la dimensión de la dualidad. Cuando otra persona se libera de algún temor, de algún dolor, de alguna limitación, el resto también comienza a soltar algo de sí mismo y accede a un escalón superior en los niveles de conciencia. Liberarme es ayudar al resto, y viceversa.

  Insisto, todo lo que existe en el mundo, existe en mí y en cada uno de nosotros. Cada cosa que no deseemos para el mundo, debe ser trabajada en uno mismo. Eso es suficiente para sanar el mundo. Cada uno debe hacerse cargo de sí mismo, completamente, porque cada uno es un pensamiento dentro de una gran conciencia colectiva. Y cada pensamiento en distorsión es una proyección múltiple de emociones inconscientes que sobrealimentan a mi ego y que lo llevan a tomar el poder de mi conciencia individual. Consecuentemente, la conciencia colectiva se convierte en una mente egoica, resistente a su evolución. Y soy responsable.

  "Responsabilidad" debe ser mi mantra.
  Todo lo que estoy viendo es el espejo.

  No debo perderme en el espejo, sino verme.
  No debo perderme en el espejo, sino verme.
  No debo perderme en el espejo, sino verme.


“Si no me das lo que quiero, no te amo más”: La indiferencia es violencia



  Responder ante una actitud inocente del otro con indiferencia, es una actitud esencialmente agresiva. Mi madre y yo nos relacionábamos así. Comenzó todo con mis más tempranas elecciones, en las que ella no supo acompañarme. No tenía el hábito de explicarme qué opciones tenía o qué prefería o consideraba ella que su hija debía elegir. En vez de eso, me castigaba con silencios y miradas de desprecio que yo sentía como látigos en mi pecho. Aunque me retractara, no me perdonaba el hecho de no haberla complacido. Tras esas devoluciones, me sumía en la angustiosa culpa y dedicaba horas, días y, finalmente, unos treinta años a tratar de adivinar qué era lo que ella realmente quería, qué había hecho yo tan malo para merecer semejante desamor. Sólo cuando necesitaba nuevamente algo de mí, dejaba de fingir que yo no existía. Así fueron moldeadas mi autoestima, mi personalidad, y la estructura del resto de mis relaciones. He dedicado mi vida a empatizar hasta sangrar, a descubrir por medio de malabares, experimentos y todo tipo de suposiciones qué quiere el otro, para no recibir el doloroso castigo de su indiferencia. Efectos inevitables en los hijos de una persona narcisista. Una dinámica relacional digna de manipulación, abuso y desigualdad. Una relación de amo y esclavo en la que no aprendí a discernir lo que quería para mí, sino a complacer.
  Mi madre hacía uso de mis servicios emocionales y energéticos para todo lo que puedan imaginar. Yo peleaba en contra del mundo entero para defenderla, desconociendo miles de cosas que ella había hecho para generar todas las acusaciones que recibía. Para mí ella era mi mundo, era lo más puro que había y no podían existir razones para no quererla. Si alguien las tenía, yo estaba lista para convencerlos de su equivocación. Pero en realidad, si mi madre hubiese usado todo el potencial que tenía para destruir, en construir lo que la hiciera feliz, yo no existiría. Inocentemente, defendía lo indefendible. 
  Yo limpiaba, acomodaba, hacía mandados, trámites. Casi siempre llevaba y buscaba a mis hermanos de fútbol, de la escuela y de donde estuvieran, hablaba con sus maestras, con sus profesores e iba a todas las reuniones. No recuerdo la última vez que ella me inscribió en la escuela, ya que en los últimos años lo hacía yo misma. Sí recuerdo haber entrado en un acto del día de la madre a cantar una canción para ella, y haber esperado en vano que llegara para apreciarla. No comprendía porqué no conseguía su amor, si yo siempre era el mejor promedio, entraba en todos los actos escolares, tenía asistencia perfecta a mis actividades, la ayudaba en la casa, lavaba mi ropa, estudiaba sola, le escribía muchas cartas, cuidaba a mis hermanos, y odiaba a mi padre (y a quien fuera su obstáculo) tanto como ella pretendía para que no se sintiera traicionada. Yo era el perrito que caminaba junto a ella ladrando a quien osara perjudicarla, y nunca era suficiente. Dar, dar, dar, hacer, hacer, hacer… Le entregaba toda mi energía masculina (acción, protección, providencia) a cambio de una gota de energía femenina (amor, guía, alimento) a cambio. 
  Ella cocinaba siempre de mala gana o yo debía hacerlo, no iba a mis actos porque “le hacían mal”, nos golpeaba (a mí y a mis hermanos) mucho en sus ataques de incontenible ira, gritaba todo el día quejándose de todo y tirando indirectas o insultando mientras golpeaba las cosas a su paso, hablaba muy mal de todas las personas que no satisfacían sus deseos. Pero cuando ella me contaba alguna experiencia dolorosa de su pasado, yo pasaba horas enteras en mi habitación llorando su dolor. El sólo hecho de imaginarla sufriendo era para mí el dolor más grande del mundo. Asi que no se me ocurría dejar de intentar satisfacerla, yo quería que olvidara todo su dolor. Aunque fuera muy niña, yo sentía que todas sus manifestaciones eran hijas del dolor. Soportaba mucho eso porque era la única forma de dar algo que ella tenía, pero cuando me agotaba, me acercaba a mi padre (al que debía odiar) y al regresar de compartir con él, recibía durante tiempos tortuosos, los habituales castigos: indiferencia, desprecio, desamor. 


  Mi padre era adicto al trabajo y pocas veces dormía en casa, seguramente era su forma de escaparse de mi madre. Su casi permanente estadía en la panadería era mi beneficio a la hora de correr y aislarme para respirar. Mi padre era sumamente exigente, lo que yo hiciera nunca era suficiente. Mis iniciativas nunca eran viables para él, no les veía la posibilidad de éxito. Y nada de lo que otro hiciera podía hacerlo mejor que él, es algo que se encargó de hacernos sentir a todos. Su frustración era tan inmensa, que no podía tener esperanzas de que alguno de sus hijos pudiera conocer un camino de éxito. Pero al mismo tiempo, a veces quería cambiar el mundo. Alternaba permanentemente entre la utopía y la frustración. A veces me exigía de forma brusca que dejara de pensar sandeces y saliera con mi lanza a cazar injusticias y otras desvalorizaba mis más inspirados pasos. Cuando no sucedían estas cosas, trabajaba. Y esas cosas eran la esencia del 10% de mi vínculo con él. El otro 90% no existía, porque él trabajaba. Mi padre no supo nunca los segundos nombres nuestros, ni nuestras fechas de cumpleaños, ni el grado al que pertenecíamos en la escuela, y a veces confundía nuestros nombres y perfiles. Tampoco nos escuchaba, pero hablaba hasta el hartazgo. Nunca me dio la razón en nada. Jamás. Y cuando yo solía buscar complicidad con él frente a los actos de mi madre, el me decía: “entiéndanla a su madre, ha sufrido mucho, la han golpeado mucho de chica”. Pero a él también lo habían golpeado mucho, también había sufrido mucho y todo eso. No podía encontrar la lógica de lo que sucedía a mi alrededor. Llegada mi adolescencia, me permití la rebeldía y desde entonces comencé a romper lo insoportable de todas las formas que tenía a mano. Algunas cosas empezaron a cambiar muy lentamente. 
  Ahora sé que mi madre se comportaba como una persona narcisista, aunque a veces hacía el intento de dar algo con autenticidad y lo lograba (tengo mi lista de cosas hermosas para recordarla). Y sé que mi padre estaba muerto en vida la mayor parte del tiempo, aunque a veces sus sueños se activaban desesperadamente (siempre he admirado sus ideales). Los honro a ambos, que ya no están conmigo. Porque gracias a mi madre desarrollé tanto la empatía y gracias a mi padre la autosuperación. El lado negativo de mi relación con ellos es que el sentimiento constante de insatisfacción, ha causado en mí un trastorno de ansiedad que me ha llevado a adquirir hábitos adictivos, en distintos momentos de mi vida. Tengo una mente adicta que he tapado ocasionalmente con información, con alcohol, con exigencia, con Yoga, con Reiki, con sexo, con actividades, con nicotina, mordiendo mis uñas, con comida y con relaciones tóxicas. Éstas últimas han sido mi mayor fuente de aprendizaje. He caído más de una vez en relaciones violentas y en brazos de asombrosos piscópatas narcisistas. He pasado mi vida buscando a mi madre, y sobreviviendo a encontrarla. 
  Estoy a días de cumplir mis 33 años, la edad que tenía mi madre cuando yo llegué al mundo. He trabajado mucho en mí este tiempo (intensivamente desde los 27 años), cruzando innumerables infiernos internos. Salud por todo el fuego. Renuncio oficial y rotundamente a la adicción. Nazco de nuevo, pero a consciencia. Ya no tengo ni preciso padres para conocer este nuevo mundo que construiré. Esto es parirme a mí misma. Soy mi energía masculina y mi energía femenina, fluidas e inagotables. Ya no necesito satisfacer a nadie, soy suficiente para mí misma. Ya no me compartiré con personas que se relacionen a través de extorsiones, castigos, manipulación, ni demandas. No respondo a nadie lo que desea escuchar, ni doy a quien no sabe recibir. No doy segundas oportunidades a nadie más que a mi hijo, mientras se aprende a sí mismo. Todas las demás, las conservo para mí, para mi proceso interno de sanación.


GOZAR


Díganme de dónde se nos viene la noche
que le abro mis piernas
para que engendre en este útero
estrellas
No insistan con las pálidas
que pálida es la luna
y se gusta bien como se ve.
¿Probaron con gozar?


Sobre el perdón

  El perdón no existe, es sólo una herramienta de manipulación emocional. No necesitás que nadie te perdone, solo necesitás aceptarte, ser consciente de vos y esquivar la culpa que te genera necesidad de ser perdonado.Si lográs verte instantáneamente afectando al otro con un acto prescindible, simplemente evitás la repetición de éste.
  El pedido de disculpas es el aviso formal de que ya no necesitás el perdón porque te has entendido con vos mismo luego de haberte sentido culpable. No hay expectativas si el gesto es sincero. Pero si te disculpás y la desaprobación del otro te afecta, es porque usaste dicho gesto para manipular, sin realmente haberte aceptado.



DISOLUCIÓN


Ya no me miento
nada irreal existe
No hay luz en tu calma
Las células de tus manos y tu voz
descodifican la escena con lucidez
No hay verdad en tus palabras
supe desear escucharlas
has sabido elegirlas
Las libero en un brindis silencioso
como pájaros de paz
Sacralizo tu identidad
sombra maestra de mi experiencia
huella ancestral de polaridad pendiente
Sonrío cortando la cinta e inauguro mi alma
Agradezco la expansión a lo alto
Qué lindo se siente mi cuerpo
El humo desciende al núcleo de la tierra
La historia desaparece
Nunca te he nombrado
No has sucedido




Nadie es imprescindible

  Hace mucho tiempo siento incómodo que me digan que me extrañan. Yo no extraño. Discúlpenme, o discúlpense a ustedes la expectativa. Entre los hábitos complacientes que trabajo para liberarme está el de responder "yo también" cuando alguien dice haberme extrañado. Voy a disolverlo del todo hoy. Quien vive en el presente no extraña porque no está en un lugar mental que no sea el ahora. Los amo, sí, incluso cuando proyecto emociones negativas en ustedes, porque amo al ser humano, porque amo la vida y a todo lo que es. Pero no los extraño. A veces deseo verlos, compartirme/los, pero es un deseo nuevo cada vez que es. No es un deseo basado en la carencia. Cuando los veo, los disfruto, vivo la dicha que me generan, y esos sentimientos no se terminan cuando ustedes se retiran de mi lado. Al contrario, nutren mi bienestar y me permiten amarme a mí misma en soledad también.
  Todos somos importantes pero nadie es imprescindible. Necesitamos compartir energía, esencia, no identidades. Necesitamos compañía para crecer, pero no dependemos de algún individuo determinado. Por eso creo importante concienciar que somos porque todos son, porque la especie y el Universo nos hacen células colaboradoras. Si una célula de mi cuerpo muere, el cuerpo sigue funcionando. Somos parte de un gran todo, pero nadie es todo para alguien (aunque así lo crean o nos lo expresen). 
  Todos pueden vivir sin alguno de nosotros y nosotros podemos vivir sin algún otro. Incluso si ese otro es nuestro hijo. Aunque el dolor sea incomparable, podemos. Más tarde o más temprano. De hecho, son cosas que han terminado de enseñarme eventos tales como la partida de mi hija y de mis padres. Y las agradezco.
  Vivamos el presente, eso es el amor para mí.




Abajo el deber ser

No te obligues a ser feliz. No es obligación ser feliz. 
Es mentira que un día sin sonreír es un día perdido, un día perdido es un día sin ser vos mismo/a.
Sé lo que te dé la gana, ésto te llevará a sentirte en paz con vos mismo/a, y sentirte en paz con vos mismo/a te llevará a no obstaculizar la felicidad de los/as demás. Entonces los/as demás también podrán tener paz y ésto los/as llevará a no obstaculizar tu felicidad. Y así todos/as serán felices.
No podemos sentirnos felices si no nos sentimos en paz, y no podemos sentirnos en paz si no nos sentimos libres.



Amar es sacralizar

Cuando era muy chiquita, leía por ahí que las personas podemos viajar con nuestra mente adonde se nos antoje. Nunca lo dudé y , gracias a eso, el vaporcito del mate me lleva de viaje...
Alguien se mueve a mi alrededor sosteniendo la dualidad necesaria para que yo, desde mi aparente quietud, ame la identidad en transformación del agua, la ascendente opacidad del proceso contrastada por la luz del sol y el aire que dirige tan etérea danza...
Amar es contemplar la absoluta sacralidad de todo aquello que es, tal como es.



Sincera conmigo

No paro de verme. No dejo de verme en todo, en todos.
Cierro los ojos para descansar a veces y no importa. no dejo de verme en todo, en todos. Todo habla de mí, de lo que estoy siendo, de cómo lo estoy haciendo. No lo puedo detener, no paro de verme. Llegan a mí una a una las palabras que antes rechacé. Callo, escucho. Pregunto y descubro. Todos tenemos razón, nadie se equivoca. Todos tenían razón, ojalá todos lo supieran. Entiendo, integro. A veces me agoto, lloro, duermo, sueño. Despierto y traduzco, desarmo e improviso. Conozco lo desconocido. A veces agota. Agota. También alegra, mucho. Mucho... Nunca había sido tan sincera conmigo.


Mi presente

Mi presente es el mejor. Mi pasado y mi futuro están contenidos en él. Puedo transitar eternidades agradeciendo la imposibilidad de encontrar la manera de definir lo que ojalá nadie jamás pueda explicar. Ojalá el secreto siga bajo llave, ojalá el misterio nunca pueda develarse fuera del corazón.
No sé cómo es la vida, pero la siento impregnándolo todo. No necesito palabras de amor, porque el amor me habita. No tengo idea de cómo se resuelven los problemas, pero los observo hasta que dejan de ser tal cosa. No paro de encontrarme en cada persona a mi alrededor.La sacralidad absoluta de cada segundo en esta dimensión expande mi espíritu.



SACRALIZADA

(A mi madre, a 20 meses de su fallecimiento)

Te vi en mi cuerpo
sentí tus horas
tu tiempo escalonado
codificado en curvas
Noté tus yemas
como gotas
colgando de mis dedos
sin caer 
ni mojar
suspendidas en el deseo del descenso.
Seguí tus ojos hasta mí
y logramos el encuentro



DE SU ESPALDA



No quisiera parecerme a los enredos
que sumergen hilos tensos en el agua
y se envuelven en la danza del vapor
Caigo estéril en la cama del almuerzo
si me subo a mi cabeza
No me pidan más esbozos del circuito del perdón
No me importan los anzuelos ni les temo
veo saltos en la paz de la llanura
redes secas con espejos que no mienten
que disuelven cada nunca, cada siempre
y hacen puentes de mi cuerpo
a la luna de su espalda



El camino...

Cuando soy pesimista, soy la mejor.
Cuando soy optimista, soy la mejor también.
Pero no quiero ser ninguna de las dos cosas.
En eso no soy la mejor, y es ahí que está el camino,
donde no es fácil y no hay reconocimiento.


CAFÉ

Qué ganas de que sepas que ésto es para vos
Qué miedo de que creas que no lo es

No sé del vértigo correcto
¡¿Qué hacen tus ojos en mi taza?!
Regué la tierra con agua caliente y estás de nuevo acá
Anteayer te sentí
querías compartir este candor casi olvidado
Qué ganas de mirarte
qué miedo de mirarte
No pude hacerlo y traje tus ojos buenos a mi café
Anteanoche te soñé
querías decir lo que no puede ser dicho ahora
Qué ganas de escucharte
Qué miedo de escucharte
Inventemos pared y silencio
y que el tiempo prosiga.
Nunca antes bebí tanto café
¿cómo haré para dormir?