Mi historia de amor con el tango

"¿Cómo no?" dijera mi papá.

  Los primeros recuerdos que tengo del tango en mi vida son los de acompañar a mi viejo a escuchar cantores de dicho género. Claro estaba que él quería que me gustara el tango como a él, y lo consiguió (lo mismo con las letras y la política). Recuerdo que una noche, estando en la butaca sentada, en una de esas salidas, intentaba entender porqué esa música me hacía sentir así... con una revolución en el pecho, con una conmoción que no podía controlar. Y luchaba contra la gravedad para esconder mis lágrimas y mi piel erizada... brrr... Mi papá era el único ser humano en el teatro que se ponía de pie a aplaudir, con todas sus fuerzas, y a gritar: "¡Bravo! ¡Bravo!", yo era una niña y sentía mucho pudor porque todos nos miraban. Ahora siento admiración, y comprendo su expresión. Hoy lo hago también.

  Quizá sea el tango el primero que me erizó la piel, el primero que me hizo sentir la pasión seria, la pasión brava, la que sacude... la que entonces no tenía nada que ver con mi edad. Creo que desde entonces comencé un recorrido por el 2x4, de nunca saber para qué lo escuchaba, si me hacía llorar. Pero en ese dolor sospechaba el fuego que purifica.

  Mi mamá cuenta que su mamá era fanática del tango, y que se parecía a mí. Que fumaba sin parar y que sufría mucho. Yo solía escuchar "Pasional", el tango preferido de mi abuela e imaginarla fumando, triste y aislada del mundo como yo, ya que no la conocí.  Para conocer más, me compré varios cassettes: Carlos Gardel, Julio Sosa, Osvaldo Pugliese (palabra mayor), etc. Los escuché a todos una y otra vez, todo el día, sin parar. Me aprendí todas las letras, todos los sonidos, todas las historias. Descubrí mi tango preferido: "Esta noche de luna", sólo cantado por Maciel. Los lloré todos, los sufrí, los despedacé dentro de mí. 

  Luego, pedía tango en la radio del abuelo de mi mejor amiga, en la escuela, en las charlas con personas mayores (me maravillaban). Recuerdo que conocí a un señor vecino que coleccionaba bandoneones. Un día, me invitó a verlos... (Woooowwww...) Los tenía a todos en fila, era una especie de museo personal de tesoros... De todos los colores y diseños. Otro, amigo de mi viejo (el Chelo Jofré, que ahora está en una situación de salud que me apena el corazón... y a quien aprecio muchísimo) me regaló una colección de partituras viejas, con las letras y fotos de los mejores intérpretes del tango, una reliquia. 

  ¡Y yo quería más tango! A los 15 años, no me alcanzó escucharlo, quería tocarlo. Y así conocí a Rogelio Gómez, mi primer profesor de violín, que me tenía fascinada con sus anécdotas y fotos de la orquesta de tango de la que había formado parte (y con su colección de Quijotes en su Biblioteca). Escuchar el tango en su violín era el mejor viaje que había realizado hasta entonces. En mis 15 años, mi amigo hombre más valioso era este señor de ojos claros y perdidos de ochenta y tres años que tomaba bermouth y cumplía años el mismo día que yo. Lo adoraba... Pero cuando le expresaba mi deseo de bailar tango, me decía: "El que toca nunca baila". Luego Rogelio falleció, y lo llevo siempre en mi corazón. Asi que seguí con mi violín experimentando algún "Nostalgias" o "El día que me quieras".

  Luego, con los años y mi cariño por las letras, me conseguí unos libritos, investigué un poquito la historia del tango. De la mano de la poesía me sumergí en la profundidad de lo que contaba cada letra, y cada cosa que descubría, desde el ángulo que fuera, me gustaba más y más. Luego, quise bailarlo, pero por evitar escenas de celos y/o vigilancia (cosa de parejas), ese querer se convirtió en un deseo pendiente... que concreté hace un par de años. Y ya no me hace llorar de tristeza, ya terminó de limpiarme todas las heridas. ¡Ahora me hace tan feliz!

  Ya intuía yo, cuando lo conocí, que tarde o temprano me haría feliz, pero recién en esta época tomo conciencia de ello. Porque siempre ilumina las sombras, sin engañar. Dice lo que nadie quiere hablar, expresa con exclusividad lo que siempre se quiere reprimir. El tango es sincero, es auténtico, y si debe hacerte llorar, lo hará. Pero llorará con vos hasta que puedas bailar. Para ser feliz, hay que limpiarse el alma, y el tango puede darte las dos cosas. Es el mejor psicoanalista, el mejor exorcista, el mejor compañero. Gracias a la vida, porque lo conocí desde todos los lugares que pude. Porque lo comparto con mi viejo y eso le hace brillar los ojitos y porque hizo que mi vieja le pierda el rechazo (la hacía recordar tristemente a su mamá fallecida) y también lo pueda disfrutar.

   Y así ven... no sé todo sobre el tango, ni cerca estoy de eso, pero nos conocemos bien.
¡GRACIAS, TANGO! 
¿Cómo no disfrutarte?

1 comentario:

  1. ¡Me encantó! Las imágenes pasaban ante los ojos de mi corazón, a medida que avanzaba en el relato. Un logro.

    ResponderEliminar