Me hago cargo y me expongo para que mi ego vuelva a su lugar



   He dedicado varios años de mi vida a mi limpieza interior, y sigo en la tarea… El tema es que luego de estar mucho tiempo sola y aprender, teóricamente, muchísimas cosas de relaciones del pasado, sentí que era momento de comprobar en la práctica todo aquello que supuestamente había venía aprendiendo. Había llegado la hora de comenzar una nueva relación amorosa y ver qué salía de ella.

  Se me dio, y como es de suponerse, no he dejado de observar atentamente todo lo que he sido, hecho, obviado, etc., etc., etc. Aclaro que más de la mitad del tiempo he observado cosas en mí que no alcanzaba a comprender en el momento, pero que en el fondo sabía que no me gustaban, que no me hacían bien y que me generaron muchísimo desgaste de energías. A esas cosas les dí miles de vueltas. Miles. No había caso… intentaba algo nuevo, y volvía a caer en el mismo lugar otra vez. Y pensaba: ¡Pucha, oooootra vez lo mismo! ¡¿Qué carajo estoy haciendo mal?! Por otro lado, la relación implicaba reglas para ambos, que detestaba porque eran un insulto a mi autoridad moral, pero que aceptaba para controlar al otro. Y de a poquito fui aceptando que me sentía agotada de mí misma, del otro y de todas las mentiras que nos unían.

  Me cansé. Se me acabó el combustible y tuve que bajarme del coche (el ego). Había intentado escapar lejos, en contra de mí misma, y con poca nafta. Pero no es posible hacerlo cuando se ha elegido vivir conscientemente. La voz de mi conciencia me repetía una y otra vez que así no era la cosa. Todo el tiempo sabía que iba para el lado equivocado, así que dí el brazo a torcer y decidí desandar el camino a pie.

  Solté el control, solté a la otra persona, me solté a mí misma. Lo solté todo. Llevo dos días de soledad, estado que venía necesitando hacía ratos largos. Levanté la alfombra y afortunadamente mucho ha salido a la luz. ¡Gracias doy!

  He creado esta realidad en mi vida:

  He tenido durante seis meses un novio que no ha parado de mentirme, de mentirse.
Ha fingido correcciones que no hizo jamás en la relación, en su ser, sólo para conservar mi compañía. Yo he sido el bastón que él necesita para sostenerse. He sido su necesidad. Y con tal de mantenerme a su lado ha ido adecuándose falsamente a todas mis expectativas y escondiendo sus necesidades.Tapó conmigo sus necesidades.

  Él ha creado esta realidad en su vida:

  Ha tenido durante seis meses una novia que no ha parado de querer corregirlo, de querer corregirse. Alguien que ha fingido aceptaciones que no experimentó jamás en la relación, en su ser, sólo para satisfacer demandas del ego. Él ha sido su chivo expiatorio. Y con tal de tenerlo a mano para justificarse, ha ido depositando todas sus sombras en él y escondiendo sus responsabilidades. Tapó con él sus responsabilidades.

  Todo lo que debía yo limpiar de mí, mis sobras, rellenaron lo que él debía completar de sí mismo, sus huecos. Cóncavo y convexo, nos retro-alimentamos continuamente sin ayudarnos. Él no ha parado de mentirme ni de mentirse a sí mismo porque yo me he mentido a mí misma creyendo haber corregido cosas que, evidentemente, no he corregido y que reflejadas en él me molestan. Ahora sé que debimos vivirlo para poder hoy, yo, saberlo. Soy muy afortunada al poder verlo. 

  La relación ha sido una mentira desde el principio hasta el final, y la he odiado desde el principio hasta el final. Me he odiado a mí en ella, lo he odiado a él en ella y he odiado odiar tanto. No me gusta controlar, me estresa, me angustia, me pesa, me bloquea, me hace mal. No quiero volver a hacerlo. No quiero volver  a confundir ayuda con control. No quiero ayudar a nadie en su proceso, quiero dedicarme sólo al mío, y que el otro haga el suyo como se lo dicte su propia conciencia.

  Cada vez que sienta la intención de ayudar a otro, voy a recordar que no es mi ser el que ha tomado protagonismo, sino mi ego. Nadie puede ayudar a nadie intencionalmente. La ayuda que le damos al otro siempre es inconsciente, se da solamente cuando estamos enfocados en nosotros mismos. Es una consecuencia de ser uno mismo, libre, desapegado, confiado, completo.


  Sé que él ahora puede estar bien si llega a comprender lo que nos estábamos haciendo, y mal si no lo hace. Pero en algún momento lo comprenderá, comprenderá mi función en esta historia, la suya, y liberará peso. Luego, si es que debe ser, podremos re-encontrarnos desde un nuevo lugar mental, sano, luminoso. Ojalá sea. Pero si no debe ser, se mantendrá siempre postulado entre mis mayores maestros y mi gratitud hacia él será, igual que hoy, inmensa. Hoy lo amo mejor que nunca, sin necesidad, sin control, sin expectativas. Y soy muy feliz, porque una lección aprendida es una lección que no se repite. 

  Voy por más, a pie y en sentido de mí misma.

2 comentarios:

  1. ...los caminos a pie suelen ser los más vívidos y hermosos, disfruta tu paseo...Y bienvenidas sean las lecciones por hallar...

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  2. Que serán más de las que imaginamos. Gracias. Ignacio. Un abrazo.

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