Acerca de la generosidad

Una de las últimas cosas que aprendí de mi viejo es que dar algo por lo que luego pasarás factura es igual a dar nada. Lo que da el corazón no se reclama. Lo que se reclama no es generosidad, es miedo.
  Si doy algo para que luego me sea devuelto, en la misma forma o en otra, estoy asegurándome de poder cobrar más adelante algo o todo aquello que quizá no llegue a conseguir por mis propios medios.Es considerar que la posibilidad de no conseguir ciertas cosas por mí propia cuenta existe, y que entonces, podré servirme de todos aquellos que han recibido algo de mí en el pasado para obtenerlas. Así es que existen muchas personas que creen ser generosas por haber regalado, obsequiado, entregado, brindado, facilitado muchas o grandes cosas a mucha gente.
  Cuando mi idea de dar es una competencia y vivo pendiente de quién da más y de quién da menos, lo que estoy haciendo es vender algo que nadie está decidiendo comprarme. Estoy poniéndole una trampa a alguien mientras le digo que estoy brindándole ayuda. Y mientras más "doy", menos miedo siento del futuro porque veo todas mis "generosidades" como una gran lista de Pagaré guardados en mi cajón, esperando a ser cobrados en el momento en que me falte algo o en que decida ir por más de lo que ya tengo.
 La generosidad no extorsiona, no manipula, ni exige algo a cambio. No trabaja con la culpa del otro, sino con su felicidad. Si decido dar algo a alguien lo hago porque realmente deseo ayudarlo a mejorar su realidad, no porque hacerlo me llevará a ser reconocido y me habilitará para cobrarle deudas que mejorarán mi propia realidad.
  No importa cuánto he dado, importa cuánto espero que me sea reconocido o devuelto. No confundamos generosidad con miedo. Lo que se da, no se habla, se disfruta.
  

2 comentarios:

  1. En el amor las palabras nunca ni jamás no tienen ningún valor. Pues el amor puede ir más allá de las palabras; el amor, es la libertad total. Donde nada está escrito, determinado, y todo puede ser o no.
    Y esa posibilidad de ser o no ser, es lo sagrado del amor. Pues eso es la unidad, la interrelación con todo lo que existe.

    937. Cuando ya tenemos una idea de lo que tiene que ser su resultado de algo que hacemos, es cuando perdemos la inocencia, el estado de gracia. Pues toda idea, por buena, bien vista y noble que parezca, es fruto del pensamiento. La memoria de todo lo que hemos sido, las experiencias de placer, de dolor, de ansiedad, de miedo, todo eso es el pensamiento.
    O sea, que el pensamiento al ser consciente de lo que sucede, de la realidad, genera la memoria. Y para manejar todo ese infinito depósito de memoria, del pasado, el pensamiento ha inventado el ego, el 'yo', que se erige en el director, el ejecutor, el que dice esto está bien o está mal.
    Pero el ego, el ‘yo’, al ser fruto de la memoria, que es el pasado, todo lo que hace, al querer imponer el pasado al presente, se divide, generando desorden, confusión conflicto.
    Por lo que el amor, el dar, la compasión, la generosidad, todo lo que hagamos, para que tenga sentido y significado, sea verdadero, ha de estar libre de ideas, teorías, no ha de tener ninguna base mental, pues esa es la única manera donde el ego, el ‘yo’ no pude ser ni operar.
    El ‘yo’ es el que dice: ‘Yo soy lo importante, el que sabe; yo soy el primero para que me atiendan porque tengo miedo, sufro, me encuentro solo’. Dando vida al ‘mi’: mi país, mi religión, mi idea política, mi manera de vivir, que se contrapone y entra en conflicto con los otros que también dicen lo mismo. Por lo que todo sigue igual, por mucho que hagamos, digamos que queremos cambiar este mundo confuso, despiadado y cruel, como siempre: divididos, enfrentados, indiferentes, haciéndonos la guerra con toda su maldad y desgracias.

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