No ha sido amor

  Hace unas horas decidí manifestar toda la ira que sentía por mi ex (de quien me separé hace días) que era mucha y que en caso de no salir me habría destrozado el estómago y el hígado a lo largo de toda la semana.  Lo llamé y le expresé mi odio hacia él por todas sus mentiras ¡Eso fue liberador!

  Tras esa liberación me di cuenta de que necesitaba ser yo, de que esa fuerza irascible había sido yo cuando estaba con él y que nunca la había manifestado.  Me di cuenta de que durante toda la relación me hice cargo de él, y anulé mi verdadero ser porque teóricamente yo no debía juzgarlo sino ayudarlo a ser mejor, a sanarse, y todas esas cosas que vende como globos el discurso espiritual. Quizá suene generoso pero no lo era. Quise que se sintiera cómodo a mi lado para resolver yo algo mío en él. Si se iba, no podría hacer el experimento que mi inconsciente estaba desesperado por hacer. 

  Supe que había amado todo en él hasta que dejó su celular en mi casa y descubrí que todo eso que amaba era una puesta en escena muy ensayada. Cuando vi todo ese mundo que él llevaba muy bien escondido, mi ilusión se vio destrozada. Ese hombre maravilloso, mi alma gemela, no existía, no era. Pero como en mi relación anterior también me pasó eso  y en esa ocasión intenté seguir adelante a pesar del engaño y no funcionó, quería que esta vez funcionara. Estaba buscando a mi ex anterior en esta persona, y así armé mi propia trampa emocional.

  A partir de ese momento clave, en que debía decidir dejarlo porque no quería estar con alguien que no fuera transparente, decidí seguir a su lado y ayudarlo a ser mejor. Ser mejor, veo ahora, era ser el personaje que actuó en un principio, era seguir ocultando la parte que había destrozado mi ilusión para que yo pudiera creer que realmente no existía. Pero existía, era profunda, fea y ninguna actuación era buena para lograr que yo la olvidara.  Odiaba que no me convenciera de que era quien yo sabía que no era.

  A partir de ese momento lo he detestado profundamente y he creído que lo amaba porque amaba al personaje ficticio que conocí y no quería soltarlo. Toda esa ira que enterraba en lo más profundo de mi ser es la que necesité soltar ahora. Nunca lo he amado. ¡No lo amo! Quizá esta sea la cosa más liberadora que he comprendido este año ¡Descubrir eso me da ganas de saltar, correr, gritar, que soy libre de él y de mí misma!

  En mi relación anterior no manifesté la ira que me causó toda la situación, simplemente tragué saliva y seguí caminando deseándole felicidad. Pero nunca me exorcicé del sentimiento de ingratitud que llevaba clavado en el pecho. Necesitaba, mi inconsciente, atraer a alguien con las mismas carencias de autoestima y de seguridad para terminar el aprendizaje ¡Gracias doy!

  Esta mujer que manifiesta ira es la que ambos debieron conocer, es la que merecían. Y la que luego debió alejarse. Pero me forcé  a ser correcta, porque la gente espera que yo tolere y comprenda todo porque hago y doy Yoga. Como si yo fuera Ghandi y como si Osho no hubiese sido el tipo más libre manifestando todo lo que se le cantó la gana.

  Ese sobreesfuerzo para tolerar todo lo que no tenía ganas de tolerar a esas alturas de mi vida, me agotó. El agotamiento liberó mi ira, y la ira manifestada me ayudo a ver la verdad. No lo amo. No fue verdad todas las veces que se lo dije, nunca fue verdad. Y viví sintiendo que él no me amaba porque yo no lo amaba. Él siguió mintiendo para mí, siguiendo mis instrucciones para no verse abandonado. Sincerándome conmigo misma entendí que la única forma en que yo podía amar a un hombre que no tiene su propia moral auto-configurada, es idealizándolo. Y eso sucedió.

 No podía enamorarme de la persona que había detrás de la ficción. No había allí nada para disfrutar, más que miedo puro a no ser  amado y necesidad desesperada de serlo. Era ausencia de amor y cuidado de mamá en la infancia, era abandono, sentir el desamor del mundo y no creer que él va a brindarme atención, ni el amor de nadie. Era falta de apoyo y estímulo de papá en la infancia, falta de fuerza, de confianza. Eso que yo debía ver en mí y que era doloroso. En cambio, el personaje tenía mis mismos gustos e intereses y me divertía mucho. Pero luego de concienciar esto, ya no somos compatibles, mi inconsciente se ha liberado de esta proyección porque ha reconocido una gran sombra que ahora es luz y que se ha mudado a otra parte consciente.

  Es que he podido trabajar el tema de mi padre al haber resuelto y reconstruido mi vínculo con él antes de que falleciera. Ya no me faltan ni fuerza, ni estímulo, ni confianza en mí. De hecho, en el momento en que él murió sentí que ese evento había llegado porque, al ser mi padre una representación simbólica de mi fuerza, había llegado la hora de encarnarla yo misma, en cuerpo y alma. Y despegarme bastante de mi madre también me ha permitido hacerlo, ya que ella inconscientemente desvaloriza a mi padre y, por ende, desvaloriza mi fuerza, haciéndome sentir inútil.


  Tras esto, me desenamoré del personaje que me gustaba porque entendí que no era real, y pude verlo cuando solté los sentimientos negativos que me despertó hace años a través de otra persona. Ahora puedo levantarme de la butaca y salir del teatro a ser más libre que antes. Él también puede bajarse del escenario y salir de una vez. Terminó la función.

4 comentarios:

  1. Ciertas personas y los vínculos que logramos establecer con ellas nos modifican, y se llevan mucho de nosotros.

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    1. Así es. Y hay que estar muy despiertos...jajaja. Aprender.
      Gracias por comentar. Te envío un abrazo.

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  2. En todo lo que nos sucede hay algo que no nos gusta: asumir nuestra parte de todo lo que ha sucedido o sucede. Pues creer que uno es solamente la víctima es un error, es no ver todo el vasto panorama de la vida.
    Pero cuando nos damos cuenta que el observador y el observado -tú y yo, nosotros y ellos- son lo mismo, entonces al cesar la división interna, es cuando puede operar la inteligencia. Generando la compasión, el perdón, la inocencia, la empatía, donde nadie se ve como un enemigo, sino que está representando su papel que le ha tocado en la vida. Igual como cada cual, nosotros hacemos nuestro papel nos guste o no.
    Y desde ahí, es cuando podemos comprender la vida, lo que nos pasa, que es lo mismo que comprender la manera cómo funciona el pensamiento, la mente.

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