La importancia de la elección consciente

  Un día del año pasado, fui a comprar mi amado y frecuente alfajor triple a la vuelta de la que era mi casa, y la cuál en ese entonces compartía con mi pareja. La kioskera abrió la puerta y le pedí el alfajor que quería, me respondió que no lo tenía y comenzó a ofrecerme un montón de otros alfajores, que ni siquiera eran triples. Yo estaba ahí, parada escuchándola a ella y viendo a mi pareja esperar que yo elija alguno para irnos pronto. Y me dí cuenta de que mi pareja y lo que la señora me ofrecía representaban lo mismo: lo que no quiero para mí, lo que no he pedido al Universo para mi vida, lo que no disfruto.
  Ciertamente llevaba meses de sufrir por conformarme con la compañía de alguien que no poseía cualidades que pudieran servirme para caminar tranquila y feliz, porque no buscábamos lo mismo. Y ante la incapacidad de aceptar eso, traté primero de adaptarme y luego comencé a querer cambiarlo. Ahí vino el sufrimiento. Pero al ver la secuencia del momento que vivía como una metáfora de la relación, pude decirle a la señora que ninguno de esos alfajores era el que yo quería, que le agradecía la oferta pero que si la aceptaba corría el riesgo de pasar por otro negocio en el que sí hubiera ese alfajor que yo deseaba y no tener ya el dinero para tal compra por haberlo gastado antes en algo que realmente no deseaba.
  Supe entonces que esa debía ser mi postura ante la vida, que esa idea era una de las claves principales de la abundancia y del merecimiento y que si conseguía sostenerla en algo tan simple como la alimentación, que implica el plano físico, podría luego ir trasladándola a los planos mental y emocional y podría así comenzar a discernir con mayor facilidad sobre lo que realmente quería para mí misma, lo que realmente necesitaba y lo que podía dejar afuera porque no aportaba a mi evolución. La Comencé a practicarlo en cada acto diario y fue como pensé... seguí mi camino sola y todo lo que había estado trabado durante tanto tiempo comenzó a llegar. Encontré la plenitud constante y mi autoestima volvió a equilibrarse. Es que el Universo entiende cada acto nuestro como un mensaje de lo que estamos dispuestos a recibir, y yo había estado aceptando mucho menos de lo que había estado pidiendo. Esa incoherencia había truncado la fluidez, y al alinear lo que deseaba con lo que actuaba, la fluidez regresó.
  Hoy sostengo con toda la certeza de mi espíritu que en los detalles se pone en juego la paz personal. Y en cada detalle debe haber consciencia porque lo que de cada detalle se haga se hará la vida de uno mismo. Los detalles de la casa, de las formas, de lo cumplido, de lo sentido, de lo comprado, de lo esperado, de lo rechazado, de lo compartido, de lo arriesgado, está de manifiesto la vida construida. Lo grande, lo que se ve a gran escala, es el resultado de lo consciente que se ha sido hasta el momento.
  No compro cualquier alfajor, cualquier trabajo, cualquier situación. Elijo cada alfajor o caramelo como si de ello dependiera mi vida, porque ciertamente así es.
Gracias a la vida por el libre albedrío.

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