Algo sobre mí/mi madre

  Estoy en época de laburar cosillas con la imagen de mi madre (ya fallecida) y recordaba... Que cuando yo era chica y mi mamá mostraba mis fotos (fotografías, no imágenes) a las personas que venían a casa, no lo disfrutaba. Más bien, lo sufría con mucho pudor porque no tenía consciencia de lo que sucedía. Sentía muchísima incomodidad porque contaba cosas de mí que yo no deseaba contar o mostrar a esas personas que ni siquiera eran de mi círculo íntimo. Entonces, me retiraba del lugar. 

  Creo que ese sentimiento de abuso o manoseo de lo que, en ese momento, era para mí importante (más o menos así se siente de niña cuando no es tu decisión, como una especie de desnudez obligada), influyó mucho en mis relaciones desde la pubertad hasta el día de hoy. De hecho, en la actualidad uso la exposición como auto-medicina, porque descubrí que resistirme a lo que me ha hecho sentir expuesta es contraproducente. Ahora, de adulta, cada vez que me expongo, lo hago conteniendo a la niña que fui y que sufrió aquello, explicándole que está a salvo porque lo hago voluntariamente, que soy responsable de mis actos y que asumo las consecuencias de tal elección ("ya no soy una niña y esto ya no me hace daño"). Y me libero... Acercándome al día en que no me produzca ni la más mínima cosquilla la exposición voluntaria o involuntaria (me siento cerca de eso a esta altura).


  A veces, chateo con contactos que se sorprenden al saber que tengo un hijo, que soy madre. ¡Claro! Caigo instantáneamente en la cuenta de que no soy la típica madre que llena de fotos de su/s hijo/s su muro. Y es que, un día, hace años (pocos desde que había salido a la luz esta red social) y debido a mi experiencia como hija, sentí que no tenía derecho a exponer permanentemente a mi hijo, como si fuera mi mascota o mi bicicleta, en Facebook. Al menos, mientras no tenga la certeza de que él no está en una edad en la que le resbale que yo lo exponga. Y la adolescencia no suele ser el caso en que las actitudes de nuestras madres nos resbalan, sino más bien, todo lo contrario. Incluso, en esta etapa, comenzamos a pasar facturas de la niñez. Sentía y siento que vivir subiendo fotos suyas no es algo que suponga respeto por su privacidad, intimidad, reserva y/o seguridad. Que no haga alardes todo el tiempo de mi amor por él o de sus logros que me harían quedar muy bien no significa que no lo ame. Me importa muy poco satisfacer la demanda colectiva de actitudes maternales elogiables por el patriarcado. Mi amor está expresado en mi respeto y lo único importante para mí es que así lo sienta él.

  Más tarde, un par de años después, él mismo me agradeció esta decisión reconociendo que realmente habría detestado que lo hiciera (exponerlo continuamente), incluso en el presente. Por supuesto, él lo siente así porque está educado por mí. Ciertamente, fue un alivio su agradecimiento, teniendo en cuenta que una siempre anda con la duda de estar atinando (porque se supone que conocemos a quien parimos) o estar proyectando sobre los hijos algún trauma propio. Quizá los hijos de otras personas sean felices viéndose y recordándose, de adultos, en las fotos que suben/subían sus mamás y quizá luego hagan lo mismo con sus hijos y lo disfruten más aún porque están educados de otro modo. Por fortuna de la bendita libertad, hay muchos mundos en este mundo. Sólo hay que ser consciente de cómo se desea construir cada mundo.

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