Me voy

  Siempre supe que un día me iría de aquí. Nunca lo he necesitado. Nunca tuve este sentimiento inesperado y certero de conclusión, hasta ahora. Estos años, muchas cosas se han transformado a velocidades increíbles a mi alrededor. Las últimas semanas fueron prácticamente mágicas, con varios despertares y tremendo dolor, pero mágicamente transformadoras. Siento que mi ciclo en este lugar ha sido acabado. Observo todo lo que me rodea y lo siento tan mío como ajeno. Tan simple. Tan noble… Tan listo para ser soltado. Siempre intuí que este momento se sentiría así: Nada me pide correr, sólo me suelta.
  Es momento de vivirme. De pasar a través de mí en forma verdadera. De bucearme. No tengo padres que esperen mi visita, y acabo de perder todo miedo a caminar el mundo y a volar el cielo sin su presencia física porque, desde que desencarnaron, van conmigo adonde sea que vaya. Mi hijo, con trece años, es prácticamente un maestro… ¿qué más puedo enseñarle yo? Ya he guiado la formación de su personalidad y tengo un hogar que será suyo. Hace poco ha decidido iniciar una nueva etapa en su vida, recuperando el vínculo con su padre y conviviendo con él por primera vez. Luego de eso,  me ha regalado su bendición con simples palabras: “Hacé cosas que te gusten a vos”. Y su papá (¿quién iba a decirlo?..): “Vos sos muy buena persona. Ya es hora de que dejes de cargar mochilas ajenas y hagas lo que tu corazón necesita”. Mis hermanos son todos adultos, el más chico re-descubrió hace tiempo el poder de su energía y su camino consciente ha comenzado. Los mayores se han acercado a mí en paz. He recuperado el vínculo con tías y primos, sanando rencores de generaciones antecesoras. Formo parte de un Círculo de Mujeres impagable, en el que me siento muy contenida y muy acompañada. Aprendo y recibo tanto de mis hermanas y de mis ancestras que les debo la mitad de lo que soy. Tengo amigos maravillosos (realmente me emociona pensarlos, son portadores de corazones inmensos) que me llenan de amor, siempre. Son mi familia del corazón. Cuánto me han ayudado estos años a ser mejor… Algo muy bueno debo haber hecho en otras vidas para merecerlos en ésta. La gente del barrio me brinda amor también. La kioskera me fía sonriendo, la vecina de en frente me invita a tomar mates, el vecino de la media cuadra me ayuda con el taladro, todos me dicen “Laurita” con una sonrisa real, amplia, fresca, y me regocijo en esos saludos familiares. Estoy satisfecha con los vínculos que he construido. Me ha llevado años aprender a hacerlo y hoy me siento amada. Muy amada, por mucha gente. Esa es la energía que me lleva...

  En cuanto decidí irme y buscar destino en otro lugar (un hermoso lugar que hace ratos me espera), hice contactos y casi instantáneamente, se abrieron las puertas. Mientras, estoy cerrando la puerta de este lugar que me hizo, hasta que deba volver a abrirla con estas mismas manos, pero llenas de cosas nuevas. Estoy revisando, recordando, soltando, vendiendo, regalando… y todo me dice adiós. Todo me dice que vaya, que me gané esta oportunidad con cada decisión tomada en el camino.  Abro mi corazón al Universo y mis guías me acompañan. Sí hay una sola cuestión que me hace mirar hacia atrás, y por eso también abro las alas. Porque el amor es un ave que necesita volar y yo elijo amar como ama el pájaro…

Escuchar canción: El tiempo está después

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