El atardecer de mi amor



  Hoy, mientras me daba una maravillosa ducha, comprendí que hace ratos alguien no está siendo sincero conmigo, o terminé de asumirlo, mejor dicho. Venía sintiéndolo hace un tiempo, y hoy mi voz interior me lo confirmó. El sentimiento fue muy hermoso y, mucho más, sorprendente. Hace tiempo que la siguiente idea rondaba mi cabeza y hoy atravesó mi pecho. Comprendí de forma amorosa (antes lo había entendido de manera razonable) que cuando una persona se reúne con otra para decir de mí cosas que no puede decirme a mí misma, lo hace porque no ha conseguido aún decirse esas cosas a sí misma. Y rememoré las incontables veces que hice los mismo con tantas otras personas. 

  Qué interesante fue tener noción actualizada de lo mucho que me ha costado decirme a mí misma todo aquello que he necesitado decirme. Y ahí está la clave: lo he necesitado, ha sido pura necesidad. Mi inconsciente lo evidenciaba, mi alma lo pedía, y por algún lado debía dejarse salir. Ese comportamiento me trajo hasta acá, a decirme hoy que lo que veo en otro es mío ¡Y lo bendigo profundamente! Oh, qué inmensamente sagrado es el camino de cualquiera… 

  Qué impagable fortuna es tener gente mostrándome constantemente quien soy, de dónde vengo, y lo que puedo elegir. Esta persona en cuestión, con su accionar me relata que soy consciente, que vengo de esto que estoy contemplando en ella, y que elijo amorosamente hacerme responsable del reflejo. Y en esta inmensa gratitud que emano por habilitar este aprendizaje en mí, me entrego a seguir permitiendo que se siente con quien necesite y cada vez que lo necesite a decir lo que necesite decir de mí. Hoy descubrí el inmenso honor de servirle para llevar a cabo su experiencia personal, sin que mi ego justifique el juicio a través de diversos factores.

  No deseo hacerle saber a dicha persona que me dí cuenta de lo que hace, no deseo que sienta culpa por hacerlo, no deseo que deje de hacerlo, no me preocupa que su oyente sepa que no es mi verdad la que escucha, ni deseo cortar mi vínculo con ella por esta causa. No hay nada malo en esto, ni en muchas otras cosas que solían parecerme importantes. No hay peligro, no hay nada que temer. Y la ausencia de miedo ha enaltecido el evento. No sólo no me duele, sino que me sirve para amarme en su ser. Ya no es que me sirve para crecer, como he visto tantas experiencias siempre, sino que me permite amarme a mí misma en su propio proceso. Ahora, además de amarme a mí misma en mi propio camino, otro me ha brindado la posibilidad de amarme más de lo que estaba haciéndolo, convirtiéndose como en una extensión de mí. Como si yo fuese un envase que llené de amor y que se quedó sin espacio libre, entonces otro ser me cedió parte de su envase para depositar más de mi amor allí.

  Hoy trascendí la idea de “amor propio” y sentí un amor mayor, que no discrimina cuidadosamente personas, eventos, contextos, para mantenerme “vibrando alto”, sino que ama en todos aquellos escenarios en que mi ego no puede amar. Es en todo, expansivamente. Es de todos, incondicionalmente. He estado aprendiéndolo por partes. El amor propio es un escalón humano que necesitamos pisar para llegar a amarnos en todos, y afortunadamente no es el último. Leí ésto, lo intelectualicé y lo expresé mil veces buscando integrarlo, hoy entró de lleno en mi corazón. Gracias.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario