Escritora

  Soy escritora. A veces necesito decírmelo. Muchas veces, a decir verdad. Soy más escritora de lo que lo que me sé reconocer. Soy escritora incluso cuando niego que lo soy a causa de eventuales descensos de autovaloración. Soy escritora porque podría escribir sin manos ni pies, incluso sin mi cuerpo físico. Soy escritora porque escribo normalmente y también lo hago maneras inusuales.
  Escribo las palabras que las personas dicen mientras las pronuncian frente a mí. Las escucho atentamente, una por una, y las repito mentalmente de forma lenta. Primero las repito en el orden en que fueron pronunciadas para mí (la oración o la frase entera), luego repito por separado el sujeto del predicado (siempre que estén ambos), las cambio de orden según su extensión y posteriormente desarmo cada palabra de cada grupo por sílabas y las vuelvo a armar de diferentes maneras… jugando. Las re-ordeno siempre de formas simétricas (esto es ley), teniendo en cuenta consonantes que son altas/bajas/delgadas/anchas, vocales abiertas o cerradas, y la musicalidad con que estas combinaciones parezcan sonar en mi cabeza. Si no me convence el primer resultado, lo desarmo y lo re-armo nuevamente, hasta sentir que no puedo perfeccionar más la belleza de tal construcción.
  No sé responder con certeza la pregunta que suelo hacerme respecto de este hábito: “¿Cómo me alcanza el tiempo para hacer todo esto mientras alguien me habla, sin dejar de prestarle atención, sin perderme una palabra y sin necesitar que me repita nada?”. Lo que supongo es que mi cerebro delega tareas a sus distintas áreas y funciona realizándolas a todas juntas al mismo tiempo, en alguna dimensión de no-tiempo (lineal, al menos). Porque cuando doy fin a este juego de combinaciones tras haber elegido la estructura que más me ha simpatizado, también he alcanzado ya el entendimiento necesario de lo escuchado para responder lo que pienso al respecto (si es que el otro solicita una devolución de mi parte) y también la consciencia para saber que eso que estoy diciéndole al otro también estoy diciéndomelo a mí. De hecho, mientras hablo mi respuesta, visualizo las situaciones en que debo aplicar en mí lo que digo y además reviso porqué.
  Soy escritora porque las letras me llevan constantemente a escribirme y re-escribirme a mí misma, aunque no toque una lapicera o una computadora durante meses enteros y me pierda en el mundo de lo que no puede ser nombrado. En ese lugar acallado que me vacía para liberarme de las creencias, etiquetas y certezas que planean (y nunca podrán) limitarme del todo. Amo las palabras, y las amo con libertad. Se van de mí en ocasiones, y vuelven siempre sin lastimarme. Las amo tanto que he llegado a odiarlas y he vuelto a ellas con la mayor devoción.
  En ocasiones, me sucede que escucho alguna palabra y todo en mí se detiene. No existe  más que esa palabra mágica, escrita de la forma más prolija y equilibrada que existe, con las proporciones más perfectas del Universo. Todo en mi mente desaparece y queda esta impactante serie de letras suspendida en medio del vacío, en silencio absoluto y con una luz blanca brillante asomándose tras sus líneas. Entonces, la pronuncio en mi mente varias veces, sintiendo y repasando con  mi lengua la suavidad de sus relieves, meciendo la armonía de sus curvas, dibujando el sonido que ejecuta la reunión de sus letras en mi imaginación y, agradeciendo tamaña belleza, sonrío por dentro. Como si mis células sonrieran conmigo, dispersando por mi cuerpo todo tipo de sustancias para el placer, dando un masaje relajante a mi alma,  alejándome de la insatisfacción, de cualquier dolor y de toda necesidad.
  A veces me encuentro con palabras que me lo dan o me lo quitan todo en un instante, que me habitan y hasta me molestan y me expanden. No soy escritora porque algún lector o muchos me determinen o no como tal. Soy escritora porque las letras me presentan la eternidad y, a la vez, las contiene el infinito dentro de mí. Las letras me hacen y es cierto que no merecen de mí menos que expresión. Pero es porque estoy hecha de letras, que son los egos de los números que a la vez son las células del Universo, que aunque yo jamás posara la tinta sobre el papel, sería escritora.


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