Ocupar el lugar de tu alma

  Quizá una de las maneras más efectivas de ejercer la libertad que nos habita es mantenernos conscientes de que construimos cárcel cada vez que elegimos no ser por miedo a dejar de pertenecer.
  Que la aceptación no nos cueste el alma.
  Si tus padres no te aceptan, recordá que no son autoridad alguna ante tu desarrollo espiritual, sino sólo quienes sostuvieron el puente que te permitió llegar a esta vida. Es donde pisás y donde respirás que están tus verdaderos padres; el cielo y la tierra, los que sí te han aceptado tal y como sos desde el principio del principio. Pediles a ellos guía y protección, alimento y amor. Pueden dártelo porque en ellos abunda lo que necesitas para crecer en este Universo que es tu hogar. Los que hasta ahora has creído tus padres son seres humanos iguales a vos en miedos y sueños, también perdidos de sí buscando aceptación externa.
  Si lográs trascender esta necesidad agobiante de ser quien ellos exigen que seas, lo demás será más sencillo. A partir de allí, tené en cuenta que casi todo tu mundo funciona igual a tu alrededor (trabajo, amistades, relaciones), en mayores y menores medidas que dependerán de lo que hayas construido en base al miedo a lo largo de los años.
  Este sobre-esfuerzo de querer ser lo que no se es, es lo que hace que vivamos una realidad de desamor, en la que ningún alma está ocupando el lugar que ha elegido, y empezamos a involucionar buscando atrás, desesperadamente y convertidos en miedo, algún punto del proceso en el que sí teníamos idea del camino. Pero hay un bosque que rodea al árbol y cuando conseguimos reconocerlo y descubrimos que el cielo y la tierra nos ayudan, liberamos nuestra esencia.
  La única manera de no ser miedo, es ser amor, y ser amor es ser uno mismo y nada más que eso. Ese es nuestro único propósito. Lo demás es misión del Universo. No habilites a nadie para evaluar el lugar de tu alma.


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