Aprovechar la existencia

  Andar desnuda el día entero, comer con las manos y chuparme los dedos, decir mis sentimientos, elegir mis pensamientos, esquivar mis costumbres, tirar todo lo que sobra, ampliar mis espacios y compartirlos, analizar a los insectos, destrozar mis siempre y mis nunca, divertirme con mi compañía, probar lo que no conozco, enaltecer a las arañas, sentir lo que he ignorado, cantar y reir alto por la calle, callarme la boca cuando me doy cuenta, bailar en público igual que en casa y ser la fiesta de la fiesta, pisar donde no dejaron huella sólo porque me asusta, esconderme de todos para que nadie interrumpa mis tristezas, concentrarme religiosamente en lo que percibo, escucharme y obedecerme, detener el mundo si no se me ha permitido expresarme, echar afuera los rodeos, aventurarme a perder el corazón prestándolo como si fuera un disco o un libro, develar las intenciones, apreciar el jugo de todas mis relaciones, compensar con amor mis carencias, escuchar el deseo de mí útero y describir ese incendio, descartar la repetición, sumergirme en el imprevisto, filosofar hasta el estrés, adorar los alfajores, temblar de miedo, rendirme al dolor, saltar de la alegría al beso y explorar un cuerpo con mi lengua, correr como viento, jugar en la plaza y sacralizar mi juego, atreverme a desprenderlo todo, renunciar a todo aquello que se me vuelve necesario, dormir de día y de noche despertar en mis propios sueños, concienciar el mundo que construye mi inconsciente, morder, andar en bicicleta con los ojos cerrados, decodificar el placer de todo, leer los espejos, interpretar la simbología, encontrar los mensajes en cada evento, gozar, humedecer la tierra, regocijarme, perderme y encontrarme, cagarme de vez en cuando en todo lo que generalmente cuido, despreciar la importancia, arriesgar lo verdadero, quemar los versos, burlarme de mi ego y luego contenerlo, incomodar lo que me duerme, sacudir lo aburrido y extasiarme, comer todo lo que quiero, beber hasta sentirme pájaro, asustar a mis miedos y medirlos, comer crudo, hablar de comida, borrar los maltratos, permanecer sola para no conformarme con poco y tomar mate soñando a un compañero, sembrar verduras y regarlas cada día, bendecir la ayuda de los astros, comprender a la luna y respetar el curso de sus procesos, empujarme hacia afuera para no aislarme, alejarme de los verdugos y los castigos, insistir en aceptar todo como es, descalzarme y meter los pies en el barro, mojarme, soltar mis rulos y el control de las situaciones, estimular mis grandes ideas, espantar a los cobardes, despojarme de recuerdos, besar a todos con ruido y abrazar como si fuera la última vez, menstruar con honor y ovular con fuego, agradecer hasta las muertes, enojarme conmigo hasta encontrar lo que me duele, erotizarme, complacerme, sumergirme en mis deseos, apedrear la culpa aunque se asome por donde menos lo suponga, completarme admirando al otro, reconocer la razón y el miedo, acompañarme en todos mis descuidos, recordarme a diario lo que ya no elijo para mí.
  Darme más oportunidades para ser yo, ausente, serena o salvaje.






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